El 22 de febrero de 2014 el gobierno mexicano se ufanaba de la detención del criminal más buscado, en una destacable operación y sin realizar un solo disparo, un grupo especial de la Marina Armada de México había detenido al líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias “El Chapo”.
Este criminal se había fugado en 2001 de la prisión de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, tal hecho ocurrió en tiempos del Presidente panista Vicente Fox, razón por la cual la actual Administración –priista–, no escatimó en resaltar el hecho, tratando de capitalizar políticamente la detención, lanzando imputaciones directas y desacreditando al partido de oposición, que había permitido la fuga de tan peligroso narcotraficante.
La reaprehensión del Chapo dejaba de manifiesto el poder y la decisión del Estado en su combate al crimen organizado; sin embargo, la percepción generalizada de la sociedad, era que éste criminal podría volver a escapar. Se le preguntó entonces al Presidente de la República Enrique Peña Nieto, sobre esta posibilidad y su compromiso para que no sucediera: “casi 70% de los mexicanos dice que existe una posibilidad de que se vuelva a escapar Joaquín Guzmán, Usted se compromete a que eso no va a ocurrir?”, el Presidente respondió de manera categórica:
“Es una obligación que tiene el Estado de México, y más creo yo, frente a lo que ya ocurrió en el pasado, sería algo verdaderamente más que lamentable, es imperdonable que ahora el Estado y el gobierno no tomen las debidas providencias para asegurar que lo ocurrido hace algunos años, se pudiera repetir. Estamos tomando providencias, es algo en lo que le he insistido todos los días al titular de Gobernación (Miguel Ángel Osorio Chong) es algo que le digo, “¿y lo tienes bien vigilado, estás seguro?, evidentemente es una responsabilidad que tiene a cuenta el Gobierno de la República, que la fuga ocurrida hacer algunos años nunca más se vuelva a repetir”.
También en febrero de 2014, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, aseguró que se tomaron las medidas necesarias para evitar una “nueva fuga” de Guzmán Loera, diciendo: “Sí, lo estamos garantizando, estamos trabajando por supuesto, así lo he instruido a la Comisión Nacional de Seguridad para que tomen todas las medidas para evitar de ninguna manera una fuga nueva, una fuga más de este delincuente”.
Ante el riesgo de una nueva evasión de “El Chapo”, se planteó su extradición hacia Estados Unidos, país donde enfrenta diversos cargos relacionados con el crimen organizado. El entonces Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam dijo: “Yo puedo aceptar la extradición, pero en el momento que yo diga. ‘el Chapo’ se tiene que quedar aquí a cumplir su condena y después lo extradito. Unos 300, 400 años después. Falta mucho”. Así mismo, precisó que para considerar una extradición debía existir riesgo a la seguridad o peligro de fuga, cuestiones que no se cumplían.
Para vergüenza nacional, 17 meses después de tales declaraciones, “El Chapo” se fugaba del penal del Altiplano, prisión insignia de la máxima seguridad en México, para lo cual según se ha publicado, se perforó un hoyo en su celda, por el cual descendió para después recorrer un túnel de kilómetro y medio que llegaba hasta una casa en construcción.
El único túnel por el cual
se pudo haber fugado «El
Chapo», es el de la corrupción
que impera en México.
Ante este lamentable hecho de la nueva fuga de “El Chapo” han surgido muchas interrogantes: ¿Cómo se puede cavar un túnel de kilómetro y medio, que llega a un penal de máxima seguridad y que nadie se haya percatado? ¿Con ese túnel se puede llegar exactamente a la celda donde se encontraba “El Chapo”? ¿Quién les proporcionó los planos del penal? ¿Por qué “El Chapo” estaba recluido en la misma celda donde ya había estado anteriormente? ¿Cómo se agujera el suelo de una prisión de máxima seguridad sin que nadie lo notara? ¿Cómo se puede permitir la edificación de una construcción cerca de un penal de máxima seguridad y en despoblado? ¿Por qué tardaron tanto en dar la alarma sobre la fuga?
Y las interrogantes continúan después de su escape, tras las declaraciones del Secretario de Gobernación, de la Procuradora General de la República y del Comisionado Nacional de Seguridad. Cuestionamientos que van desde: ¿Por qué en el video de la fuga, se observa a un Chapo con pelo y en una fotografía supuestamente reciente presentada por la Procuradora, se observa a éste rapado? ¿Por qué dicho video parece editado en fecha y hora? ¿Por qué “El Chapo” tenia un dispositivo electrónico en su celda? ¿Por qué no lo extraditaron, qué intereses pudieran haberse afectado con su extradición?
Sin conocer a cabalidad lo que envuelve y a los implicados en este triste episodio para nuestro país, todo lo que se diga para responder las anteriores interrogantes carecería de fundamento; sin embargo, más allá de la especulación y de lo hipotético, hago mías las palabras del Presidente de la República y le digo: Señor Presidente, usted, su gestión y su administración en todo lo referente a la seguridad pública son verdaderamente más que lamentables, son imperdonables.
Por otro lado, dejando a un lado la versión hollywoodense del túnel por el cual se escapa un preso de máxima peligrosidad, hay que destacar que el único túnel por el cual se pudo haber fugado “El Chapo”, es el túnel de la corrupción que impera en México, por desgracia, un túnel cada vez más y más profundo y ensortijado, con miles de ramificaciones a los diversos sectores de la administración pública. No es creíble que se pueda realizar una fuga de un penal de máxima seguridad y menos del penal del Altiplano, si no es con la complicidad y colaboración de las autoridades.
El evento que venimos comentando, deja de manifiesto, entre otras cosas, 2 temas que me parece fundamental reevaluar: En primer lugar de manera específica, la corrupción dentro del Sistema Penitenciario y de manera general dentro de las instituciones de seguridad pública. En segundo lugar, una especie de Estado paralelo de facto -guardando las proporciones claro está-, en donde impera el crimen organizado y frente al cual las Instituciones y los Poderes de iure, se encuentran en algunos casos colaborando y en muchos otros compitiendo en desventaja, ya que en los criminales actuarán al margen de la legalidad.
Ambas formas delictivas –corrupción y crimen organizado–, afectan gravísimamente a México, y lo peor, dejan al ciudadano en un completo estado de indefensión y sumergido en una sensación generalizada de inseguridad. Los mexicanos que pagamos impuestos, los que tratamos de hacer las cosas bien, los que trabajamos dentro de la legalidad y queremos sinceramente al país, reclamamos otro México.
Considero que un país con la grandeza que tiene el nuestro, no debe verse asfixiado por esta espiral de corrupción y de crimen organizado. Considero que es necesario replantearnos la Política Criminal que se sigue en contra de estas modalidades delictivas, haciendo hincapié en: a) la inteligencia; b) el combate frontal; c) la colaboración internacional; d) la recuperación de activos producto del crimen –lavado de dinero–; y e) la cero tolerancia a estas formas delictivas.
Señor Presidente Enrique Peña Nieto, si Usted ya calificó de previo la fuga de “El Chapo” como algo más que lamentable y algo imperdonable, no permita que estos calificativos se conviertan en el denominador común de su administración. Asesórese y actúe exclusivamente orientado por el mayor y mejor beneficio para México y los mexicanos. Creo que todavía está a tiempo.


