La renuncia del súperdelegado de Jalisco, Carlos Lomelí Bolaños, deja claro que las viejas costumbres, aunque sean hombres de toda la confianza del presidente AMLO, son difíciles de erradicar, sobre todo cuando la ganancia es cuantiosa. Al presentar su renuncia, Lomelí expresó: “Hoy tomo distancia para que el ruido de la politiquería no afecte el trabajo que debe hacerse en Jalisco”.Al ahora exdelegado del Bienestar de Jalisco se le vincula con una red de farmacéuticas que, coincidentemente, tienen muchos contratos públicos y se le acusa de conductas ilícitas como cohecho, conflicto de interés, enriquecimiento oculto y tráfico de influencias. De ser comprobados los delitos podría ser inhabilitado por 20 años, incluso enfrentar sanciones penales. Eso dijo Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, asegurando que existían siete investigaciones en contra del también empresario. Por todas las atribuciones que se les confirieron a los delegados, Lomelí fue una figura muy controvertida desde el inicio. Aquí sí queda repetir que la corrupción es uno de los graves males que heredaron al gobierno actual, aunque para su combate se han hecho reformas, dictado decretos presidenciales, y se han escogido, según lo dicho, a las personas correctas que ocupan cargos relevantes en la función pública. Faltaría aceptar que la corrupción sigue corriendo por las venas de algunos miembros del sistema y que puede tambalear las bases incipientes de la 4T. Además, se deberá demostrar que la justicia alcanzará a todos y no a unos cuantos.


