A mediados de julio, el presidente estadounidense Donald Trump, además de iniciar redadas a nivel nacional en el vecino país para detener y deportar migrantes ilegales, emitió una regla que establece que los migrantes que no soliciten asilo en los países de paso hacia los Estados Unidos, serán inelegibles para ese derecho, siendo ese país México. En su afán por detener la entrada de miles de migrantes que buscan el sueño americano, el presidente Trump, una vez más, impuso una medida unilateral que podría obligar a México a convertirse en un Tercer País Seguro, aunque especialistas han dicho que el país no cuenta con la capacidad para serlo, nos remitimos a la crisis humanitaria que existe en el sur del país, aunque las autoridades lo nieguen y digan que están preparados, la realidad es que la situación está rebasando al gobierno mexicano. No obstante, el canciller Marcelo Ebrard ya ha declarado que México no será un Tercer País Seguro y considera la posición de Trump como limitante al derecho de asilo y refugio, y que México no negará asilo a las personas que lo soliciten por persecución política. Y recordó, diplomáticamente, que para ser un Tercer País Seguro se debe suscribir un acuerdo con efectos jurídicos que sea aprobado por el Congreso de la Unión, y no sólo porque al presidente estadounidense le guste lanzar propuestas de campaña populares y que alientan a la xenofobia. Por lo pronto, el pasado sábado 20 de julio, en un viaje relámpago, vino a la CDMX el Secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, a presionar al canciller mexicano, para ampliar el plan migratorio y checar personalmente si se cumple o no con los deseos (o con las órdenes) de Trump.


