Ya estaban muy emocionados los dirigentes de la CNTE porque este gobierno tiraría la “mal llamada reforma educativa”, que de hecho lo hizo, sólo que no completamente a modo de los líderes del magisterio disidente. Al menos eso dejaron ver en sus movilizaciones, que algunos consideran puro berrinche, en las que desquiciaron las entradas y salidas tanto del Senado como de la Cámara de Diputados, bloqueando en dos ocasiones no sólo la entrada y salida de personas, también la discusión del dictamen por las Comisiones Unidas en la Cámara Baja y la totalidad del trabajo legislativo en San Lázaro. No obstante, al fin los diputados pudieron realizar la sesión y aprobaron un dictamen que los derechos laborales de éstos se regirán por el Apartado B del artículo 123 de la Carta Magna; así como una evaluación de selección y promoción magisterial, que fue lo que no le agrado a la CNTE. Muchos sospecharon que la molestia fue porque eliminan las plazas automáticas y cierran la posibilidad al tradicional huachicoleo de plazas. Después de la aprobación del dictamen, Mario Delgado dijo que el Pleno privilegiará el diálogo con la CNTE antes de emitir cualquier votación, siguiendo el consejo del titular del Ejecutivo. El enojo de la CNTE causó golpes y el encierro por cuatro horas del personal y periodistas de la Cámara, incluso Porfirio Muñoz Ledo lo tomó como agravio al Estado de Derecho; el PRI y el PAN acusaron de secuestro y de promover el estado fallido. No obstante que retiró su plantón de San Lázaro, La CNTE amenazó con volver a cerrar los accesos a la Cámara de Diputados si la reforma no salía “a modo”. Lo importante es que no se afecte la calidad de la educación, ¿qué no eso es lo que siempre han alegado?


