Suele decirse que la justicia es “ciega”, hasta ahora, debido a que la ciencia ha logrado demostrar que en el ámbito de la justicia penal la apariencia y muy específicamente el atractivo y la belleza del acusado (a) puede generar penas más ligeras e incluso que se les declare inocentes.
Tanto en el caso de jurados reales como con jurados simulados, los científicos sociales descubrieron la presencia de factores extralegales, es decir, elementos o situaciones que independientemente de su relación con el sistema de justicia, logran influenciar de tal manera que los veredictos distan mucho de tomar en cuenta las evidencias y los hechos expuestos por los abogados. Estos elementos tan decisivos son la belleza del acusado (a) y la sonrisa, desde luego, es muy importante destacar la existencia de ciertas variables como el género de los imputados.
Bajo el nombre de “lo bello es bueno” o dicho de otra manera: “las personas atractivas son inocentes”, varias investigaciones en las que se revisaron las decisiones tomadas por jueces reales concluyeron que se trata de manera más indulgente a los acusados atractivos [Downs y Lyons (1991)]. Seis años más tarde nuevos estudios (DeSantis y Kayson, 1997) concluyeron exactamente lo mismo al trabajar con jurados simulados, argumentando la presencia de un sesgo denominado “atractivo – indulgencia”, más concretamente este sesgo se evidenció más en los veredictos y sentencias relacionadas con delitos de robo, violación y trampa.
¿Para comprender mejor el papel determinante de la belleza en el ámbito legal, debemos iniciar por plantearnos por qué los seres humanos nos sentimos atraídos por lo bello? Neurológicamente, los científicos argumentan que estamos programados desde que nacemos para sentirnos atraídos por lo hermoso, esto lleva consecuentemente a una cuestión de supervivencia y desde luego con la reproducción de la raza. “Nuestra extrema sensibilidad a la belleza está gobernada por circuitos en el cerebro modelados por la selección natural”, señala la Dra. Nancy Etcoff, de Harvard University. Según esta neurocientífica, nos sentimos atraídos por la piel suave y tersa, por el pelo brillante y grueso, por la simetría, por las curvas en la cadera, por una espalda ancha, que no son otra cosa que símbolos de salud, “porque a lo largo de la evolución quienes se percataban de esos signos y se apareaban con sus portadores tenían más éxito reproductivo. Y todos nosotros, somos sus descendientes”.
Basados en este argumento, entendemos por qué preferimos y elegimos a ciertas personas sobre otras, no obstante, en el ámbito penal, donde la lógica y la razón deben ser requisitos fundamentales para dictar una sentencia, el cerebro nos juega una mala pasada a menos que y aquí en dónde viene la parte más relevante de todo este estudio: “A menos que al otorgarles a los jurados toda la información del caso -evidencias- se consigan dos aspectos importantes: 1) despertar el interés por el caso y 2) presentar datos claros y contundentes. De esa forma los miembros del jurado se centrarán más en los hechos que en la persona acusada, independientemente de su aspecto físico, debido a que se activará su modo racional en vez de privilegiar el modo experimental.
Supongamos ahora que el abogado defensor o el fiscal, otorgan información irrelevante, e inconsistente, eso propiciará la presencia del sesgo “atractivo -indulgencia” el cual opera de la siguiente manera:
De manera generalizada los hombres del jurado suelen ser más indulgentes con las mujeres acusadas, especialmente si estas sonríen ya que se considera que en ellos prevalece la creencia de que las mujeres necesitan ser protegidas, así que esto da lugar a un acto por demás galante.
Por otro lado, entre mujeres también existe un predominante efecto de atracción hacia lo bello, ya que los experimentos realizados demuestran que los jurados femeninos sueles dar sentencias más leves a las mujeres atractivas que a las que no lo son, y en el caso de que se juzgue a un hombre, si este es atractivo, sin duda podrá salirse con la suya, incluso en un delito como el de asesinato.
En conclusión, ya ha quedado demostrado bajo la lupa científica que la justicia, especialmente los jurados no están ciegos, solo tienen el ojo alegre al estar influenciados por factores extralegales como lo es el atractivo del acusado (a). Así que si por alguna circunstancia de la vida, te toca estar frente a alguien que deba juzgarte a ti o a tu cliente en el plano legal, recuerda: ¡hay que ponerse guapos y con la mejor sonrisa!


