La música es una construcción humana. No existe en la naturaleza, no la encuentras en los árboles ni en las praderas. Es creada, interpretada y reproducida por el ser humano.
Muchos afirman que es el fuerte sonido de los latidos del corazón de una madre los que heredan a su bebé el sentido del ritmo y su futura afinidad con cualquier expresión que lo contenga.
Y es a veces una pluralidad de accidentes aparentemente inconexos, los que permiten divergencias históricas que derivan en lugares inimaginables.
Así sucede cada 22 de noviembre, donde cada rincón de México celebra a la música, a los músicos y a todo lo relacionado con ello, bajo la gran fiesta de quien es considerada su patrona: santa Cecilia.
Patronato que no escogió. Según la historia, Cecilia fue una virgen por convicción, preservó su virtud incluso casada por haber entregado su estado vestal a Dios, puesta a prueba por su esposo, a quien no sólo logró convencer, sino convirtió al cristianismo en una época donde la religión no era universal.
Por esa razón su esposo y cuñado fueron decapitados; mientras santa Cecilia sufrió grandes martirios, primero asfixiada sin éxito, luego decapitada sin éxito, pero suficientemente lastimada para morir tres días después.
Su verdadero patronato sobre la música y los músicos surgió en 1584, al fundarse en Roma la Academia de la Música, fecha en que Cecilia fue santificada por el Papa Gregorio XIII como patrona de ese arte.
¿Por qué la mártir fue nombrada patrona de la música cuando no se le recuerda como una cantante destacada, como una ejecutante musical maravillosa, ni se tienen registros de que haya sido compositora?
Ahí es donde las aristas del destino se entretejen para comprender mejor los accidentes que dan forma a nuestra realidad, fue un error en la traducción de su acta de martirio la que generó la confusión. Se dice que la traducción de la palabra “órgano” no hacía alusión a instrumentos musicales, sino a instrumentos de tortura, es decir, al momento de su martirio, debiéndose comprender de manera correcta que Cecilia, en su tortura, cantaba a su único señor en su corazón. La frase en realidad es referida al momento de su mayor sufrimiento.
Así, es evidente que el patronato de Cecilia sobre la música y los músicos es, aparentemente, un poco accidental e incierto, lo innegable es su estoica actitud ante los tormentos y su ciega fortaleza y entrega a su fe.
Santa Cecilia jamás imaginó que mil años después se convertiría en la patrona de una de las actividades más preciadas y valoradas del ser humano: la música. Tampoco se pudo prever que para este año ninguna festividad nacional, como el día de muertos, tendría como nuevo integrante universal al llamado príncipe de la canción, el gran José José, quien abandonó este mundo en septiembre pasado.
Curiosamente, una banda musical originaria de Los Ángeles, California, jamás imaginó que su tributo al príncipe de la canción realizado en 2013, reuniría en la lista de canciones de un álbum ambas cosas: la interpretación a José José llamada “Cuidado” y el nombre que sin saberlo se convertiría en su patrona y bautizaría al grupo: La Santa Cecilia.
Así, un poco perdidos en la traducción, con un martirio que sucedió en Europa hace aproximadamente 2000 años, bajo el reconocimiento y bendición realizada por un Papa católico hace 435 años, y con el homenaje centrado en un mexicano bohemio y soñador que le cantó al amor y todas sus facetas, es como la música, los martirios y los santos dan forma a esta colaboración, y encuentra su materialización en lugares con una energía única como la Plaza Garibaldi, donde cientos de mariachis, año con año, cada 22 de noviembre, interpretan al unísono las mañanitas a una de las Patronas más queridas y admiradas de nuestro país.
Amor venerado y compartido también por poetas y pintores, con festividades simultáneas en el barrio de Trastévere, Roma, donde se encuentra su iglesia; en Alfafara, comunidad de Valencia, España, donde es patrona; además de Villalán de Campos, comunidad de Castilla y León, España; de la ciudad de Albi, Francia; de Omaha, Estados Unidos; Mar del Plata, Argentina; y del municipio de Estanzuela, Guatemala.
“Es evidente que el patronato de Cecilia sobre la música y los músicos es, aparentemente, un poco accidental e incierto, lo innegable es su estoica actitud ante los tormentos y su ciega fortaleza y entrega a su fe.”
Curiosamente existen otros patronos de la música: el Rey David, san Jerónimo de Estridón, san Antonio de Padua y san Francisco de Asís, pero pocos tan universalmente reconocidos en el tema musical como santa Cecilia, quien también conquistó el corazón del gran maestro mexicano y director destacado de coros con profundo impacto en Campeche, Tabasco y Sinaloa, Ramiro Rubio Ortiz, cuyo amor por la música y por Santa Cecilia le llevó a predicar una vida dedicada a su vocación de entrega y enseñanza, quien no dudó en nombrar a la mayor de sus hijas con el nombre de su santa patrona y recibir de regalo el nacimiento de su tercera hija en la fecha de celebración de Santa Cecilia.
No deje de escuchar el “Himno a Santa Cecilia” de Benjamin Britten, la “Oda a Santa Cecilia” de Georg Friedric Handel, la “Cantata para Santa Cecilia” de Frederik Mangle, o el “Himno Plegaria a Santa Cecilia” de Salvador Giner Vidal en la versión de José María Cervera Lloret para coro mixto y orquesta, o los temas adaptados completamente a Mariachi en la edición del álbum José José Ranchero, sencillamente sorprendente.
Desde el cielo y el universo musical, bendiciones a los músicos y bienvenidos a los brazos de Santa Cecilia, el modesto príncipe de la canción mexicano, Rey de muchos y ahora primer lugar en los rankings de álbumes latinos.


