Fue en diciembre cuando iniciaron las críticas a los órganos autónomos. A raíz de los anuncios de austeridad, Andrés Manuel López Obrador se refería ellos como “ejemplo de obesidad burocrática”. El Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI) y el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), lo mismo que organismos reguladores del sector energético los definió “como hongos que después de la lluvia surgieron”, mientras llovían amparos por la ley de remuneraciones. La crítica más fuerte es que los altos funcionarios de estos organismos “están bien servidos”, dijo en ese momento el Presidente. De ahí a la fecha han arreciado las diatribas, no sólo por los excesivos salarios, también los acusa de abusos y hasta se les permitían ilícitos, y por supuesto, de simuladores que trabajan para la mafia del poder; incluso algunas organizaciones de la sociedad civil salieron raspadas. No obstante, determinó no borrarlos del mapa para que la IP no pusiera el grito en el cielo. Y tenía razón, la Coparmex creó el hashtag #Ya estuvo y criticaron el “presidencialismo imperial” del presidente, después de que AMLO dijera que necesitan ser purificados los órganos autónomos, y, como era de esperarse, respaldó la existencia de dichos organismos. El INE, en voz del Consejero Marco Antonio Baños, también fijó postura, dijo que desaparecerlos o condicionarlos sería contrario a la democracia de México. Con las reducciones en los presupuestos del INE e Inegi los han considerado un embate contra los órganos autónomos y la sociedad civil. Cuestionaron la embestida contra la Comisión Reguladora de Energía una vez que su titular hiciera insinuaciones no apropiadas de la terna que hizo el gobierno para integrar ese órgano. Mientras tanto el jaloneo de poder sigue estirando la liga ¿Hasta cuándo cree usted que aguante sin que haya un rompimiento? Lo que por supuesto todos queremos que se evite.


