La exsecretaria de Sedesol y Sedatu, Rosario Robles, por fin compareció ante un juez de control de la CDMX y a su llegada al Reclusorio Sur dijo que daría la cara. Días antes publicó una carta en la que asegura que es una persecución política en su contra y que apelaría a lo dicho por el presidente López Obrador sobre que no es rencoroso y no perseguirá a nadie, sin embargo, al final quedo privada de su liberad por una medida de prisión preventiva de dos meses. Siguiendo el refrán que dice: “tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”, la Fiscalía General de la República (FGR) dio a conocer que la exsecretaria supo de las operaciones y todas las remitió a su exoficial mayor. Los testigos en el caso aseguran que Robles Berlanga sabía de las irregularidades, incluso tuvo una reunión con la Auditoría Superior de la Federación. En la audiencia se le imputó el delito de ejercicio indebido del servicio público en calidad de autora directa, porque se le olvidó informar a su jefe, el exPresidente Enrique Peña Nieto, y a las autoridades correspondientes la existencia de operaciones irregulares. Si pensamos mal, seguramente ella no era la única en hacer omisiones; hay muchos más que tenían conocimiento y participación, no sólo en este caso. Sin embargo, todo debe tener una cara y un nombre. Recordando que el Ejecutivo pide borrón y cuenta nueva, hay unos que no se salvarán, quizá para mantener la ansiedad en niveles sostenibles. Mientras tanto, Rosario Robles pidió a la SCJN que su caso sea llevado con objetividad y justicia, que se remueva al juez de control que la “encerró”, por ser pariente de su archienemiga, la diputada Dolores Padierna Luna, esposa de René Bejarano, El Señor de la Ligas, exsecretario particular de AMLO. Por lo pronto, Rosario Robles está formada en la línea de los que esperan justicia pronta y expedita, que es muy larga, pero aquí se verá de qué privilegios goza la otrora Secretaria de Estado, quien asegura ser “presa política” pero bien es una “politica presa”.


