Nadie escucha más música que los jóvenes. En esta época, encerrados en un hermetismo sellado con los audífonos de su celular, pueden tener la mirada perdida horas y horas y nunca podremos desentrañar lo que está ocurriendo al interior de su mente.
Los jóvenes, expertos en romper reglas, por desconocimiento o por hartazgo, representan históricamente el antídoto al sistema establecido, la fórmula ideológica contra lo construido.
Hace más de 2 mil años, Sócrates opinaba sobre la rebeldía de los jóvenes de su época: “los jóvenes de ahora son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respecto a sus maestros”. Sinceramente, parece que la frase la escribieron ayer, es decir, la dinámica de los jóvenes es constante en nuestros roles sociales, sin importar la época y el lugar.
San Juan Bosco los justificaba al mencionar que no hay jóvenes malos, sino jóvenes mal orientados, lo cual tiene, sin duda alguna, un altísimo grado de verdad. Es común la opinión de que parte de la descomposición social en la juventud está relacionada con la laxitud de los padres en su educación y formación, en ocasiones por causa de ausencias justificadas por ritmos de trabajo de más de una jornada.
Y es que muchas veces hemos notado en nuestros queridos jóvenes actitudes altivas, incluso soberbias, como si no conocieran el miedo, intrépidos y lanzados hacia adelante sin cobertura alguna, con un arrojo temerario inclusive, a lo cual Ortega y Gasset explicaba que la juventud necesita creerse, a priori, superior: “Es evidente que se equivocan, pero ese es precisamente el gran derecho de los jóvenes”.
Al mismo tiempo, son el reflejo de la sinceridad de sus creencias, expresan sin cortapisas sus impresiones, y no entienden en muchas ocasiones el término “políticamente correcto”. Han sido eje y balanza de grandes cambios sociales en el mundo en distintos periodos de la humanidad, por eso Fidel Castro explicaba que se pueden adquirir conocimientos y conciencia a lo largo de nuestra experiencia vital, pero jamás en ninguna otra época de su existencia una persona volverá a tener la pureza y el desinterés con las cuales, siendo joven, se enfrenta a la vida.
Debemos tener muy presente a nuestra hermosa y preciada juventud mexicana, trabajar para poder brindarle un mundo mejor, uno en el cual puedan confiar y tener fe, uno que les inspire e invite a luchar por defenderlo y mejorarlo.
Parece fácil tarea pero no lo es. Los jóvenes siempre están al acecho de los temas más viles de la sociedad y son presa fácil de los mismos. Y si bien es cierto que hemos tenido avances considerables en el estudio, identificación y promoción de los derechos humanos, entre ellos los de los jóvenes. Es indiscutible que se requiere de fuerza de voluntad, una casi férrea como el metal más resistente, para no ceder a las presiones sociales, comerciales y convencionales encargadas de ejercer permanente presión sobre ellos.
Tiempos de cambio se respiran en nuestro México contemporáneo. La primera alternancia en el ejecutivo federal de nuestro país se dio con Vicente Fox Quezada del Partido Acción Nacional, ahora se vuelve a presentar otra con un partido de reciente creación, Morena, encabezada por su candidato, Andrés Manuel López Obrador.
Gran júbilo causó el anuncio emitido por el presidente electo y el consejo coordinador empresarial en su primera reunión después de las votaciones federales, donde compartieron la noticia de la creación del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, cuyo objetivo es reforzar el derecho a la educación y al empleo en este amplio sector de la sociedad. Con lo cual se pretende crear la figura de aprendices de trabajo y que las empresas actúen como tutores, considerando un impacto directo en 2.6 millones de jóvenes.
“Debemos tener muy presente a nuestra juventud mexicana, trabajar para poder brindarle un mundo mejor, uno en el cual puedan confiar y tener fe, uno que les inspire e invite a luchar por defenderlo y mejorarlo.”
Acciones como esta sinceramente son bienvenidas, pero falta mucho por hacer por nuestros queridos jóvenes, y la parte más importante está en ellos mismos. En efecto, la acción más trascendente es la que los jóvenes hacen por ellos mismos, desbordando su ímpetu y energías en proyectos y actividades enriquecedoras y constructivas para su plan de vida.
En décadas anteriores, se fomentaron hábitos negativos en los jóvenes entre las décadas de los 70 y los 90, cuyas consecuencias se padecen en la actualidad. Por ejemplo, antes fumar se consideraba un distintivo social; la invasión de la comida rápida mediante franquicias internacionales nos generó la idea equivocada de que comer esos productos era, además de divertido, saludable para la familia. El tiempo nos ha enseñado que fumar es precursor de cáncer y causante de enfermedades respiratorias; y una dieta basada en comida rápida tiene graves daños en la salud, una de ellas es la obesidad, nuestro país ocupa el primer lugar a nivel mundial en este rubro.
La buena noticia es que los jóvenes de hoy cuentan con la información suficiente para cuidarse y no cometer los mismos errores de antaño, gracias a ello podrán tomar mejores decisiones.
Aunque el apoyo a los jóvenes debe ser permanente, el análisis se intensifica al recordar que el 12 de agosto es el Día Internacional de la Juventud, y es nuestro deber ejercer acciones que la Organización de las Naciones Unidas estableció en el programa de acción mundial.
Por los corazones juveniles que han escrito grandes páginas de nuestra historia nacional, por su trabajo, ímpetu y entrega; por quienes pagaron con el corazón, el alma y su vida, haber apoyado reclamos que consideraban justos. Por los jóvenes soñadores que a lo largo de nuestra historia fueron martirizados, desde los héroes de Chapultepec a los incansables héroes de Tlatelolco inmortalizados en octubre de 1968, desde los integrantes del movimiento #YoSoy132 a los hijos de Ayotzinapa cuyo destino sigue siendo un misterio, y por todos aquellos que desde el anonimato reclaman en un atronador silencio el respeto a su dignidad; por todos, todos ellos, usted y yo brindemos siempre a los jóvenes nuestra mano y mejor consejo, como el que hubiésemos deseado recibir cuando, siendo jóvenes, lo pedimos y no siempre nos fue otorgado.


