Febrero contiene 2 celebraciones muy especiales en las efemérides nacionales: El Día de la Fuerza Aérea Mexicana (10 de febrero), y el día del Ejército Mexicano (19 de febrero). Agrupadas en la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la tercera institución militar es la Armada de México, incorporada en la Secretaría de Marina, cuyo día especial es el 1° de junio.
Y una vez más, la música demuestra su importancia en el quehacer humano; en donde el desarrollo cotidiano de las actividades de nuestras fuerzas armadas no es la excepción. Sorprende cómo el clarín y el tambor inician, organizan y culminan los honores a la bandera –“¿Ya descubriste cual es el sonido que nos pide saludar al lábaro patrio?”-, y muchas otras actividades y ceremonias castrenses. Los toques y marchas militares tienen significado especial, así como el sonido de sus instrumentos. Por ejemplo, tradicionalmente el sonido de cornetas brinda instrucciones al arma de infantería, los clarines son para la artillería, y las trompetas para la caballería. Las bandas de guerra tradicionales, integradas por 41 elementos y cuyo modelo fue desarrollado en Francia, fueron implementadas en nuestro país durante el Porfiriato.
Si bien el acompañamiento musical a las actividades del Ejército y Fuerza Aérea no son nuevos, las que realizan las Fuerzas Armadas están completamente reguladas desde el 10 de noviembre 1938, mediante el Reglamento publicado en el Diario Oficial de la Federación. En él, se establece la manera de interpretar el Himno Nacional, sus modalidades de ejecución, así como los Honores Militares –a la bandera, al cargo, a la jerarquía, especiales, fúnebres, de revista, de desfile, entre otros-, las demostraciones de respeto, y las Formalidades del servicio. Actualmente y adicional a las ejecuciones musicales de las fuerzas armadas, se ha evolucionado con el paso del tiempo, realizando fuertes inversiones económicas, de tiempo, y profesionalización, para tener impresionantes bandas de guerra, que además de tocar magistralmente, marchan y bailan al ritmo de la música, tal y como lo han demostrado recientemente en el ámbito internacional, en desfiles oficiales en Francia, China o Moscú.
Hoy, el Ejercito y Fuerza Aérea Mexicanos cuentan con su propio coro y orquesta, en un desarrollo musical exquisito y mucho más elaborado. Con extraordinarios resultados al aplicar un sistema metódico y disciplinado en sus ejecuciones; demuestran gran nivel, tal y como se pudo constatar en sus diversas presentaciones públicas con motivo de la celebración de los 100 años de las Fuerzas Armadas (2013).
Sorprenderá a muchos de nuestros queridos lectores saber, que en los tiempos del ilustre presidente Benito Juárez García, no se usó nuestro Himno Nacional. Fue sustituido por otros temas, entre ellos, la Marcha Zaragoza del compositor Aniceto Ortega, originalmente compuesta para celebrar la victoria del 5 de mayo de 1862 –victoria conocida como “Batalla de Puebla”, y su trascendencia es porque fue la primera vez que el Ejército Mexicano pudo derrotar a una potencia mundial extranjera mejor preparada: Los Franceses-. El motivo fue porque a su parecer, recordaba mucho la gestión de Santa Anna, y era producto de su gestión –Santa Anna lanzó la convocatoria pública para la creación de una melodía patriótica con esos fines, en 1953-.
Otra curiosa historia alrededor de nuestro Himno Nacional, es que una vez seleccionada la letra ganadora, atribuida al potosino Francisco González Bocanegra, se abrió por un mes la convocatoria para la música. El ganador fue el italiano Giovanni Bottesini, catalogado por muchos como el mejor contrabajista del siglo XIX. Compositor y director de una compañía de opera que estaba de gira en nuestro país, su partitura se encuentra en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (CENIDIM); una de las 4 entidades nacionales de investigación del Instituto Nacional de Bellas Artes, cuya misión es el estudio y conocimiento de la música de México, así como su rescate, conservación y divulgación. Su triunfo estuvo rodeado de polémica, pues a muchos no gustó su composición y además, fue acusado de musicalizar y dar a conocer por fuera del concurso su propuesta, contrario a los términos estipulados. En efecto, el 18 de mayo de 1854, Bottesini estrenó formalmente su propuesta de melodía en el Teatro Santa Anna, con las voces de la soprano Enriqueta Sontag y el tenor Gaspar Pozzolini, pero aún así no fue del agrado del público en general. De un mes, el concurso se prolongó hasta 180 días, siendo la propuesta musical del catalán Jaime Nunó Roca, la ganadora. ¿Sabían queridos lectores que Jaime Nunó tituló a su melodía Dios y Libertad?
Resulta más curioso que el mismo Giovanni Bottesini, quien a pesar de serle retirado el primer lugar del concurso musical del himno, dirigió la interpretación inaugural del mismo con la melodía que todos conocemos, cantada por la soprano Claudia Florenti y el tenor Lorenzo Salvi, y coros de René Masón y Pedro Carvajal.
ADN europeo en nuestro Himno Nacional.
El uso universal del Himno Nacional, de forma pública y general llegó a finales del siglo XX, en la administración de Porfirio Díaz.
Si bien el Himno sería el tema que nos viene primero a la memoria al hablar de fuerzas armadas, existen bellas melodías arraigadas, como son el Himno a la Bandera de Julián Carrillo, la Lista de Honor, el Toque de Bandera y la Diana. Dentro de las marchas, destacan la Marcha de Honor, Marcha a la Bandera, la Marcha Dragona, Marcha Francisco P. Mariel, Marcha Viva México, y la inmortal Marcha de Zacatecas.
A diferencia de otros países en donde la expresión artística involucrando emblemas nacionales pareciese ser más amplia, en nuestro país el Himno Nacional es un Símbolo Patrio –junto con el Escudo y la Bandera Nacional-, protegidas por la Ley que lleva su nombre. Por eso, está limitada su interpretación únicamente a los actos solemnes –de carácter oficial, cívico, cultural, escolar o deportivo- o para rendirle honores; hay prohibición expresa de alterar su letra o música, así como de ejecutarlo total o parcialmente en composiciones o arreglos, más aún hacerlo con fines publicitarios.
Por eso es difícil encontrar versiones del himno con arreglos electrónicos o con estrofas de rap, como podría suceder en otras culturas, so pena de estar violando la ley. Seguramente por eso los jóvenes compositores evitan la tentación de hacer algo creativo, divertido o curioso con los símbolos patrios, más ahora que las herramientas modernas de manipulación musical lo facilitan ampliamente.
Las bandas de guerra
tradicionales, integradas por
41 elementos y cuyo modelo fue
desarrollado en Francia, fueron
implementadas en nuestro
país durante el Porfiriato.
En ese análisis, llama la atención el trabajo de la banda tapatía Remmy, quien en 2013 lanzó su álbum titulado Ani y la Manzana Verde, bautizando su canción número 12 con el nombre Escuadrón 201. Si bien cada canción del álbum sugiere a un supuesto sueño, las alusiones a los combatientes mexicanos son claros, y destaca por usar historia lejana y en muchos casos ajena a las nuevas generaciones. La Fuerza Aérea Mexicana combatió en la Segunda Guerra Mundial, y estuvimos representados en el conflicto bélico con el famoso Escuadrón 201 durante el verano de 1945, hace más de 70 años.
Sea esta columna un breve homenaje a las Fuerzas Armadas en el mes de su celebración, y una invitación para enriquecer colecciones musicales, esperando su integración en nuestras redes sociales.



