«Cuando la humanidad pareciera que se terminará devorando a sí
misma, aparece una luz tenue al principio pero con un fulgor
inmaculado. La luz que recibimos de la sonrisa de nuestra niñez.»
Nuestro país vive momentos difíciles. Todos los días peleamos por subsistir sin salir lastimados. La vorágine humana, nuestro egoísmo, la crisis económica, la falta de esperanza, el panorama sombrío, la desesperación social, la ausencia de ejemplos positivos, las trágicas noticias, el pésimo ejemplo en numerosos ámbitos partiendo del político y la nula sensibilidad por la necesidad ajena, hace retumbar como nunca la frase de Plauto engendrada en Asinaria, y popularizada por Thomas Hobbes: “el hombre, es el lobo del hombre”.
Y mientras lo discutimos, nos llega un mensaje de que un familiar o amigo cercano acaba de ser víctima de la delincuencia en cualquiera de sus formas. Éste es el país que nos tocó vivir, el que nos heredaron y el que hemos terminado de formar. No hay escapatoria: todos somos responsables y tenemos el país que merecemos. El análisis no debe ser cómo llegamos a esto, el verdadero planteamiento es cómo lo mejoramos, porque parece que nadie aguantará más caos.
Neoliberalismo, globalización, corrupción, impunidad, redes sociales, nombre usted su demonio favorito, pareciera que somos especialistas en evitar la realidad: todo parte de uno mismo, de mi, de usted, porque al final, la dimensión de ser humano se antepone a todo lo anterior, siempre que así nos lo propongamos.
Hemos perdido el rumbo, el camino se nos ha extraviado, los valores de antes no son los mismos de ahora, y lejos de las formas, es preocupante el fondo, una sociedad que ha perdido la capacidad de asombro. Que no se sorprende con algo, bueno o malo, y para colocarle una cereza a este triste pastel, agreguemos la intolerancia de una época donde todo debe ser inmediato, porque no estamos dispuestos a esperar un segundo más.
El estudio de la historia y de las sociedades nos presentan 2 instantáneas opuestas, la primera donde las personas necesitaban unas de otras para lograr beneficios mutuos, y la segunda donde cada persona hace cualquier cosa por garantizar su futuro, sin importar los demás, aun si para lograrlo debemos lastimar o perjudicar a terceros.
¿Qué nos paso? ¿No hay marcha atrás? ¿Al final dejamos ganar al mal sobre el bien? ¿Qué historia es ésta? No hay respuestas absolutas, y existen grandes tratados para explicarlo en las redes, desgraciadamente estamos empezando a entender que publicar en Twitter o Facebook las posibles soluciones, no son tan efectivas como pasar a la acción tangible, real y material, no basta con postearlo, se tiene que hacer algo.
Cuando la humanidad pareciera que se terminará devorando a sí misma, cuando parece que la oscuridad del abismo nos ha cubierto por completo, cuando se ha perdido toda esperanza, aparece esa luz, una luz tenue al principio pero con un fulgor inmaculado.
La luz que recibimos de la sonrisa de nuestra niñez. La promesa de un mejor futuro no está en nuestras manos, está en nuestros niños, esos pequeños seres humanos, vulnerables y frágiles que no conocen malicia y los defiende una sinceridad absoluta.
Desde hace más de 91 años hemos creado instrumentos para protegerlos, porque sabemos que como sociedad, como especie, nuestro futuro reside en ellos, y la Organización de las Naciones Unidas entró al análisis de los derechos de la niñez en 1959, emitiendo un tratado internacional que es el más ratificado de todos los que existen.
La Convención sobre los Derechos del Niño busca blindar principios para lograr una niñez que sea la base de una futura sociedad mejor, incrementando sus derechos y enriqueciendo la convención con protocolos facultativos, y como fue un 20 de noviembre de 1959 la fecha en la que la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, y el 20 de noviembre de 1989 cuando se aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, se instituyó esa fecha como el Día Universal del Niño, aunque en nuestro país se celebre el 30 de abril.
Esa ternura y nobleza que inspiran los niños, ha movido a numerosos artistas a dedicarles canciones, melodías y composiciones especiales, las cuales también han evolucionado con los tiempos, con motivo de la modernidad de los métodos de producción musical y digitalización de los instrumentos musicales.
El recorrido en esta ocasión lo comenzaremos con una melodía muy latinoamericana, famosa canción de cuna interpretada por Atahualpa Yupanqui, donde narra la vida de una mujer que debe ir a trabajar al campo, alejada de su hogar, durante duras jornadas para proveer a su crío del sustento económico necesario para vivir. Un retrato crudo de la realidad, con notas dulces y suaves llenas de ternura, así es como el tema Duerme negrito logra adormecernos con tranquilidad y al mismo tiempo nos regala una estampa de la entrega y sacrificio de las madres trabajadoras.
Mención especial merece el oriundo de Orizaba, Veracruz, el famoso grillito cantor, Francisco Gabilondo Soler Cri-Cri. Temas como El Chorrito, El Ropero, El Ratón Vaquero, Caminito de la Escuela, Marcha de las Letras, La Patita, son sólo algunos de sus inmortales temas, que han sido delicia de chicos y grandes, y ha tocado para siempre a niños de todas las edades. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que Cri-Cri fue el primer gran rockstar de la niñez mexicana, y posteriormente de todo américa latina y otras latitudes del orbe, además de ser el primer canta-autor en dedicarse de lleno a producir música infantil, antes nadie lo había hecho de esa manera y con esos alcances.
En tiempos más modernos, diversos artistas han encontrado en el mercado infantil su plena aceptación, y ejemplo de ello son Parchis, Timbiriche, Fey, Tatiana, Xuxa, Patilu por citar algunos que con ese objetivo o sin querer, han encontrado en las gargantas infantiles su aceptación.
Las melodías señaladas han sido elaboradas para que los niños las disfruten, pero hay otras más que exponen diversas situaciones relacionadas con la niñez, dirigidas a un público adulto, donde las temáticas están relacionadas con situaciones difíciles, ausencia o abuso de derechos de la niñez, y así las han grabado El Tri de Alex Lora en Niño sin Amor, Maná con Donde Jugarán los Niños, Juan Manuel Serrat con Niño Silvestre, David Bisbal con Soldado de Papel, Ismael Serrano con Si Peter Pan Viniera, Victor Jara con El Hombre es un Creador o José Luis Perales con la canción Que Canten los Niños, por citar algunos.
Es indiscutible que la modernidad, lejos de hacernos mejores personas pareciera que nos ha empujado en otra dirección, pero igual de indiscutible es que sólo de nosotros depende intentar cambiar nuestra realidad, y si eso no fuese posible, es innegable el gran compromiso que tenemos con las futuras generaciones, nuestros niños, para entregarles una estafeta donde no sufran discriminación, donde cualquier autoridad asuma su responsabilidad para condicionar todas sus decisiones al interés superior de los menores; y velar para que los niños tengan protegido su derecho a la vida, a la supervivencia, al desarrollo, a vivir y tener un desarrollo adecuado, y a escuchar sus opiniones en las situaciones que les afecten, así como a tener una vivienda digna.
Y tú, ¿qué has hecho por los niños? ¿De verdad crees que es suficiente? Podemos hacer más ¿estas dispuesto?


