Nadie imaginó ver un día el zócalo de la Ciudad de México vacío en una conmemoración de la independencia del país. En sexenios pasados se convocó a dejar al mandatario en turno solo, esta vez no fue un movimiento social el que pidiera dejar vacío el zócalo, fue la naturaleza la que obligó a la población y a las autoridades a solicitar que no se presentaran a la ceremonia del grito de Independencia, un cambio casi de último momento. El presidente AMLO estaba ilusionado por realizar la conmemoración lo más “normal” posible, a pesar de las críticas. Llegado el día, se realizó el protocolo acostumbrado, la diferencia abismal fue la ausencia del pueblo debajo del balcón central del Palacio Nacional. Este año, la ceremonia inició con un minuto de silencio por todos los fallecidos a causa del Covid-19. En punto de las once, se asomó al balcón López Obrador acompañado de su esposa Beatriz Gutiérrez Müller. La plancha del zócalo fue adornada con la silueta de la República iluminada con los colores patrios y al centro la “llama de la esperanza”. Con el habitual grito de vivas a los “héroes que nos dieron patria y libertad”, se sumó el grito por la esperanza y el porvenir. Así, el 210 aniversario de la Independencia de México y segundo grito de López Obrador, fue marcado por una pandemia, a pesar de la dura situación no pasó desapercibido.


