Mtro. Jorge A. Alfaro Villamil
La tradición educativa nacional, por razones de peso histórico, ha excluido de los modelos educativos los aspectos espirituales de la dimensión humana, por ser considerados terreno de la religión, en el mejor de los casos, o de la superstición y charlatanería en el peor. Pese a todo, la mayor parte de la gente mantiene una visión de una trascendencia espiritual y una fe que puede estar ligada a una religiosa, ya sea institucional o particular. La incertidumbre ante un mundo que parece estar desquebrajándose de manera constante ánima esa noción y a la vez, se vuelve esperanzadora y necesaria. Sin reclamar una renuncia a la libertad de pensamiento y religión, ¿no sería tiempo de que los mexicanos examinen el papel de la dimensión espiritual en los modelos educativos?
En el terreno del conocimiento que damos por válido y el que no, el teólogo y filósofo canadiense Bernard Lonergan tiene una propuesta diferente a los modelos racionalistas basados en los aspectos materiales y humanos desde un punto de vista biológico y mental. Además de las dimensiones mencionadas, incluye el aspecto espiritual en su propuesta en torno a qué es el conocimiento y cómo se obtiene. Lonergan parte de un principio, el individuo tiene un deseo por conocer, es curioso por naturaleza. De ahí que puede ser conducido por un conjunto de operaciones que lo llevan a un auténtico conocimiento, en un sentido objetivo, pero también moral y espiritual. Su modelo distingue 4 niveles por los que atraviesa la consciencia para desarrollar el conocimiento.
“El empírico, en el cual tenemos sensaciones, percibimos, imaginamos, sentimos, hablamos, nos movemos. El intelectual, en el cual inquirimos, llegamos a entender, expresamos lo que hemos entendido, elaboramos las presuposiciones e implicaciones de nuestra expresión. El racional, en el cual reflexionamos, ordenamos nuestras evidencias, hacemos juicios, ya sea sobre la verdad o falsedad de una afirmación, ya sea sobre su certeza o probabilidad. El responsable, en el cual nos interesamos por nosotros mismos, por nuestras operaciones, nuestras metas, etc. Y deliberamos acerca de las posibles vías de acción, las evaluamos, decidimos y tomamos nuestras decisiones”.
Sin reclamar una renuncia a
la libertad de pensamiento y
religión, ¿no sería tiempo de
que los mexicanos examinen el
papel de la dimensión espiritual
en los modelos educativos?
El cuarto nivel de intencionalidad implica que el individuo es capaz de comprender su lugar en el mundo, darle sentido a su vida más allá del material. Que es capaz de renunciar a las inclinaciones básicas de su ego y volcarse a una vocación por el bien, tanto el bien personal como el bien común. Representa un camino de emancipación respecto a las tendencias egoístas e inmediatistas que reducen al hombre a vivir en la búsqueda perpetua de una satisfacción que apenas alcanza por momentos, de un éxito que se escapa constantemente, de una competencia aniquiladora. Visto así, la propuesta de Lonergan se presenta sumamente atractiva para desarrollarla en modelos educativos basados en los niveles de intencionalidad del conocimiento. Como muchas otras que usamos en las escuelas, implica un sistema epistemológico aplicable al diseño curricular y la didáctica. Definitivamente, es una alternativa para la calidad de la educación.
Sin embargo, en nuestro contexto nacional es necesario considerar la escuela pública, a la cual asiste la mayor parte de la población del país; la educación laica es un principio de operación con un fundamento legal surgido de un proceso histórico. El laicismo, en la forma extrema que se ha llegado a adoptar en nuestro país, proscribe cualquier mención al espíritu, a la fe y a la religión como elementos fundamentales del desarrollo humano, implementar una propuesta educativa como la tratada aquí, necesariamente entra en el terreno de la lucha ideológica. Espíritu, fe y religión no son considerados conceptos científicos desde la óptica positivista, por el contrario, son vistos como contrarios a la ciencia, el conocimiento y el desarrollo humano.
Desde la lógica positivista que aún domina muchas de las estructuras de pensamiento en nuestra sociedad, incluidas las instituciones de gobierno, un discurso educativo que mencione el espíritu, encienden una señal de alerta, pero cuando el espíritu se asocia a la religión y la religión a la o las iglesias, inicia un conflicto legal que está en la base de la Constitución. Es ahí en donde cabe preguntarse, cuando Lonergan afirma, “la Palabra de Dios saca al hombre del mundo mediado por la significación para llevarlo al mundo de la inmediatez en donde pensamiento y palabra que significaba el mundo anterior desaparecen: se escucha una Palabra clara, distinta, inefable que dice lo necesario para seguir orientándose a la Verdad más auténtica” .¿Se refiere a la palabra de Dios como una experiencia de revelación interna, espiritual? ¿A la palabra revelada a la grey en el templo? ¿A la palabra escrita en un texto sagrado como la Biblia o el Corán? ¿O sólo a la Biblia? En síntesis, ¿es una propuesta ecuménica?
En todo caso, llevar a la práctica el modelo propuesto demanda un sistema pedagógico orientado a la objetivación del conocimiento incluyendo la dimensión espiritual, pero se requiere que sea abierta a diversas formas de fe y religión para evitar que el camino de la emancipación y el crecimiento humano, se convierta en una vía más para establecer diferencias invisibles pero insalvables, segregación en vez de integración, cerrazón en vez de apertura.


