La violencia contra la mujer no se ve y no quiere decir que no exista. Por ejemplo, en una conferencia matutina, el presidente López Obrador minimizó las cifras de violencia intrafamiliar, al hacerlo, no sólo minimizó a las víctimas, también minimizó el trabajo de la secretaria de Gobernación. Ahí nos topamos con la espiral de la violencia de género, ésta que queremos aceptar, pero es mejor no hacerla visible y así nos arrastra por generaciones; sabemos que existe, pero si no hablamos de ella quizá desaparezca. Al menos eso parece ser lo que el señor presidente de México trata de hacer, o ¿es sólo con las cifras que no hacen lucir a su administración? Mientras AMLO aseguraba que el 90% de las llamadas de emergencia por agresiones contra mujeres son falsas, colectivos y el mismo 911, informaba del alza en las llamadas de auxilio, así como el incremento en la violencia intrafamiliar por el encierro. Días después, de nuevo en una mañanera, el mandatario aseguró que sí está de lado de las mujeres, pero los conservadores quieren presentarlo como contrario al feminismo. Mientras que en las Cámaras las legisladoras piden encarecidamente a los estados homologar la legislación con las reformas en materia de paridad que fueron aprobadas en abril; mientras siguen apareciendo cuerpos de mujeres o desapareciéndolas. La violencia contra la mujer existe y para terminar con esa espiral y combatirla es necesario hacerla visible.


