Entonces llegó marzo y con ello la devastadora noticia de que pronto tendríamos una contingencia sanitaria crítica para detener la propagación del Covid-19, que tiene al mundo en jaque y requeriría los esfuerzos de gobiernos y sociedades para ser mitigado. Bueno, eso era lo que se preveía que sucediera en México, después de los ejemplos de Italia y España. Sin embargo, las autoridades actuaban con mucha cautela, por no decir despreocupados en vista de muchos, quizá con detenimiento antes de parar la economía, de por sí en crisis. Lo más criticable ha sido la actitud del Presidente AMLO, para quien pareciera que la epidemia no es más que una jugarreta, provocando más críticas cuando el Doctor en Epidemiología y Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, encargado de conducir técnicamente la epidemia, dijo: “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”. A la pregunta de si el Presidente podría infectar a los asistentes a sus giras, que por cierto no quería suspender ni con señales de contingencia. La respuesta probablemente quiso seguir la línea de los secretarios para alabar al mandatario, pero un día después de esta controvertida declaración, él mismo pidió a los medios no involucrarlo en política, pues desviar el tema podría ser perjudicial para la sociedad. Ahora resulta que el subsecretario cayó de la gracia de AMLO, porque le roba reflectores y trata el tema con la seriedad que se requiere, tanto así que se oficializó el pase a la fase dos con un poco de indiferencia del mandatario y con el combate a la corrupción, su dólar y la estampita de un santo como protectores.


