Entrevista con Julio César Bonilla
Comisionado Presidente del Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública, Protección de Datos Personales y Rendición de Cuentas de la Ciudad de México (INFO)
Las fake news son uno de los grandes temas actualmente ya que con la emergencia sanitaria que nos afectó a nivel mundial, han aparecido una serie de problemas que han dificultado las acciones gubernamentales, de información y de los medios de comunicación, para tener a la gente informada sobre lo que está sucediendo y tomar medidas de prevención frente a este problema.
Elías Huerta. De la mano de la pandemia, se ha suscitado un fenómeno negativo: la infodemia, en el que precisamente han aparecido una gran cantidad de noticias falsas que afectan a la población, generando miedo y temor, incluso hay una falta de orientación. Como consecuencia, para las autoridades es más difícil poder implementar las políticas de salud pública para poder prevenir y combatir este fenómeno.
Julio César Bonilla. El fenómeno del Covid-19 reinventa las relaciones humanas, sociales e interpersonales; este momento es tan complicado para la humanidad porque pone en vilo una serie de principios, de elementos, de libertades que tenemos que tomarlo muy en serio tanto las instituciones como la sociedad.
La responsabilidad es bilateral, es decir, las instituciones del Estado mexicano tienen que estar en permanente interacción con la ciudadanía para evitar caer en informaciones inexactas y falsas que lo único que producen es generar un momento de inestabilidad en el intelecto, en la emotividad, en las pasiones y en los temores de las personas.
De acuerdo con analistas y autoridades internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad no solamente estamos luchando contra una epidemia, también lo hacemos contra la infodemia: la exposición alta, descontrolada, elevada a información con un agregado específico: las noticias falsas o fake news.
Las noticias falsas se propagan con mayor velocidad que el Covid-19 y son elaboraciones artificiosas, engañosas que tienen por objeto descontrolar, impactar directamente en la psique de la persona para descontrolar la información veraz e incluso la administración de riesgos de esta pandemia.
Por esta razón, las instituciones estamos trabajando junto con empresas del ámbito de la comunicación y con los motores de búsqueda, en este caso lo está haciendo muy bien el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).
EH. Un dato interesante es que México es el segundo país que más noticias falsas ha generado durante esta pandemia. Otro dato destacado es que una parte importante de esta infodemia la han generado las redes sociales que no están sujetas prácticamente a ningún control. Incluso el Presidente de la República acusó que Facebook y a WhatsApp son las compañías a través de las cuales se propaga un mayor número de noticias falsas por las cuales perciben ganancias multimillonarias.
JC. El tema de la pandemia y la virulenta forma de informar de manera negativa implica naturalmente controles, sociales y estatales. El asunto es que se coloca en el centro del debate, una vez más, qué se tiene que hacer con las libertades implícitas de internet. Si el internet como esta gran plataforma de interconexión mundial, de información, tiene que generar controles específicos ante una emergencia como la sanitaria.
Ya se han planteado este tipo de debates anteriormente, dado que las noticias falsas o las fake news no son un fenómeno reciente. Me parece, que no podemos generar o caer en estos riesgos elevados para la convivencia democrática de una sociedad constitucional como la nuestra en torno al tema de las redes sociales, desde una perspectiva que apunta a la protección y defensa, a la tutela de los derechos humanos.
“Las fake news son elaboraciones engañosas que tienen por objeto descontrolar, impactar directamente en la psique de la persona para descontrolar la información veraz e incluso la administración de riesgos de esta pandemia.”
Yo privilegiaría naturalmente la libertad de expresión en las redes sociales, apostándole a un modelo de autocensura, de educación cada vez más elevada, más proactiva; identificar como sociedad cómo son nuestras debilidades y recurrir a herramientas como el acceso a la información pública como la constatación de la información oficial de lo que se genera y empezar a generar también una nueva cultura.
Cualquier tipo de regulación que se imponga a las redes sociales debe ser a través de una interacción con otras naciones, con las propias empresas, con la sociedad civil, que involucre una acción directa y consensuada para evitar caer en riesgos de autoritarismos o en riesgos de controles a las libertades y derechos humanos por los cuales tanto tiempo hemos luchado.
EH. ¿Cómo podríamos diferenciar noticias falsas de las que sí merecen nuestra atención cuando hay tantas cuentas falsas y las redes sociales son complicadas de regular?
JC. Hay ciertas características con las cuales podemos identificar a las fake news en un contexto digital global. Utilizan una información dudosa con el fin de incriminar a una persona o a una institución regularmente, hay un contenido impostor en esas fake news. Suplantan fuentes genuinas por lo que las URL son notoriamente irregulares.
El contenido regularmente es prefabricado, notas predominantemente falsas diseñadas para engañar y manipular. Me refiero a fotos, gráficos, textos, visiblemente incoherentes, es decir, aparecen como una gran alerta que te llaman mucho la atención, con contextos falsos, elementos falsos que lo integran. La conexión es falsa, falta de concordancia entre los titulares, encabezados y la información, leyendas o imágenes del contenido.
Con relación a las publicaciones que no se pueden identificar, desafortunadamente parte de las grandes estrategias creadas por las fake news suelen fortalecerse porque justamente son anónimas, no hay una persona o una institución que se haga responsable de esa información, no tienen fecha de caducidad, es decir, pueden ser vistas en diferentes momentos y parecer actuales. Una noticia real tiene un periodo de vigencia específico y además se establece con toda claridad quién es el emisor del mensaje, cuál es el contenido bajo una numeralia específica de datos que remiten a fuentes, en este caso no la hay.
EH. ¿Consideras que debería limitarse el uso de internet o de las redes sociales para frenar las fake news?
JC. En las redes sociales se han presentado ejercicios interesantes a lo largo de la historia moderna con relación al control, específicamente a los eventos que han ameritado sanciones. Uno de ellos es el caso de Cambridge Analytica, en el cual se acreditó una intervención directa por parte de Facebook en la elección presidencial que ganó Trump, donde vía una aplicación de esta plataforma digital se recogieron datos específicos sobre ideología, preferencias, consumos, hábitos, temores, etc., de una población específica y determinada para generar contenidos dirigidos a ese sector poblacional y moldear su ideología en términos electorales que finalmente resultó en el triunfo de Trump. Esto se tradujo en una sanción multimillonaria a la empresa.
A partir de este caso se generaron mecanismos de control mucho más avanzados y se actualizó el Reglamento Europeo en Materia de Protección de Datos, lo que implica sanciones específicas al tratamiento indebido de datos personales.
Como sociedad internacional debemos pensar qué vamos a hacer frente a una emergencia sanitaria. Soy partícipe de las libertades, comulgo con las ideas del liberalismo democrático y voy a privilegiar el ejercicio de los derechos fundamentales, uno de ellos es el de la libertad de expresión.
“Privilegiaría naturalmente la libertad de expresión en las redes sociales, apostándole a un modelo de autocensura, de educación cada vez más elevada, más proactiva.”
El problema con la libertad de expresión es que se debilita naturalmente frente a estos mecanismos. ¿Qué tenemos que hacer? Primero, generar mecanismos de autocontrol, de autocensura, de educación progresiva y de vinculación permanente con fuentes oficiales. Generemos o no una regulación en materia de internet, específicamente en temas de la pandemia o atendamos los principios y las libertades que hoy tenemos como sociedades democráticas. Una de ellas, el Estado mexicano, los Estados y la repúblicas latinoamericanas y mundiales tienen como propósito en este momento reducir de manera sustantiva el contagio de un virus que está causando millones de muertes en el mundo.
EH. ¿Qué sucede cuando tres exsecretarios de salud aseguran que los datos ofrecidos por el encargado de manejar la crisis de la pandemia son erróneos?
JC. Me parece que es un debate abierto que forma parte de las libertades con las que contamos en nuestro país, lo cierto es que lo que ha hecho hasta ahora el gobierno de México vía las conferencias de prensa es que ha mostrado una estrategia de carácter científico que se ha implementado para enfrentar al Covid-19. Asimismo, la misma OMS ha reconocido el trabajo de México en cuanto a cómo está enfrentando la pandemia. La Comisión Europea mostró una línea de apertura por cómo se está manejando la situación en México.
A mí me parece que la opinión de los exsecretarios de salud es válida, el debate o la discusión siempre deben ponderarse en un ejercicio de libertades. El asunto es que si esas informaciones no están debidamente verificadas, si sus opiniones no tienen sustento científico, lo que ocurre es que se genera desconfianza, pánico, inseguridad, deficiencia en la toma de decisiones como sociedad y una mayor incredulidad a lo que se está haciendo por parte del gobierno.
El acceso a la información pública es un elemento estratégico para combatir la desinformación y para combatir la pandemia y esto me lleva a lo que hemos hecho como instituciones del Estado mexicano para enfrentar a las fake news que ha sido a través de la creación de micrositios oficiales donde se conjugan los esfuerzos no solamente de las autoridades de acceso a la información a transparencia, sino también de las autoridades sanitarias de nuestro país.
“Es nuestro deber, como sociedad e instituciones, identificar y generar fuentes confiables, verídicas, auténticas, útiles de información, porque se trata de la salud y la vida de todos.”
EH. A final de cuentas habría que distinguir más allá de temas políticos; habría que ver que los secretarios de salud que no están de acuerdo con estas estadísticas corresponden a otros partidos, pero también habría que pensar que las noticias falsas afectan en el contexto de una pandemia cuando generan confusión para tomar medidas preventivas o para contener los efectos del virus o de la pandemia. Podríamos considerar una gama de noticias falsas que pudieran tener un mayor efecto.
JC. La discusión de lo público debe desprenderse de toda distorsión, de toda desinformación, debe respetar el derecho a la información de un modelo pleno y constitucional, pero esto también es corresponsabilidad de todos nosotros como usuarios de los medios digitales o de información para evitar mayores riesgos para nosotros mismos. Me parece que el debate se tiene que centrar justamente ahí: ¿cuál es el derecho y las libertades que hoy estamos defendiendo frente a estas dos epidemias, el coronavirus y la infodemia?
La manipulación de la información es particularmente perversa al privar al ciudadano del acceso al que tiene derecho como ser humano, pero tratándose de temas de salud la manipulación de esta información es especialmente grave, por tanto, es nuestro deber, como sociedad e instituciones, identificar y generar fuentes confiables, verídicas, auténticas, útiles de información, porque se trata de la salud y la vida de todos.


