Entrevista a Mauricio Sánchez Lemus
Abogado del despacho Calderón & De la Sierra en el área de Nuevas Tecnologías, Financiero y Protección de Datos Personales.
“Las herramientas tecnológicas permitirán que los despachos se enfoquen en servicios jurídicos de fondo, que requieren de un análisis profundo y multidisciplinario.”
¿Cómo ha modificado la tecnología a la práctica de los abogados?
La tecnología impactó al Derecho tanto en forma como en fondo. En primer lugar, los avances tecnológicos plantean nuevas preguntas que sacuden concepciones y figuras jurídicas, como lo han hecho –y continuarán haciendo– en cualquier otra ciencia. De la misma manera en que los modelos de negocio digitales requieren de nuevos métodos de valuación financiera, las relaciones jurídicas que se crean en el ciberespacio exigen un “empaque” jurídico. Así como el ecosistema crypto revolucionó las preconcepciones de la economía tradicional, se requiere certeza jurídica para su incorporación a las instituciones actuales. Por su parte, innovaciones como la tecnología CRISPR para la edición del ADN representan retos para la biología, la ética y el Derecho por igual.
Los nuevos modelos de negocio, los avances tecnológicos e innovaciones disruptivas invitan a reevaluar y adaptar la interpretación de los principios de cualquier disciplina, por lo que la ciencia jurídica no es la excepción. Sacudir las ideas establecidas, las tradiciones y prejuicios es un ejercicio que, paradójicamente, permite robustecer principios mediante un proceso de selección natural. Si el concepto jurídico no se adapta, no es dúctil y se tambalea ante cualquier amenaza, no es tan fundamental como pareciera serlo. La tecnología nos ha permitido limpiar ideas que entendíamos como esenciales, pero que realmente no eran más que superficiales.
Así como las fintech retaron el rol de los bancos en el sistema financiero, nos llevaron a cuestionarnos la figura del inversionista institucional. De la misma manera en que los escritores independientes desafían a los medios de comunicación tradicional, nos preguntamos si las instituciones del derecho de autor les proporcionan las protecciones suficientes. Así como hoy una base de datos en la nube es más valiosa que un camión de traslado de valores, debatimos si los tipos penales son suficientes para reclamar su usurpación.
Ahora, en cuanto a la forma, los abogados nos hemos visto en la necesidad de adaptar nuestros servicios a cómo se toman las decisiones en los negocios. Cada vez es menos aceptado el recurso de responder “depende” ante una consulta legal, pues emprendedores y directivos tradicionales por igual requieren certeza, por lo menos, en cuanto a los posibles riesgos y consecuencias de una decisión. Así como un Consejo de Administración espera que el financiero muestre sus proyecciones de una forma más amigable que un modelo matemático, se espera que el abogado resuelva una controversia más allá de citar a un autor francés y dos jurisprudencias.
Limitarnos a mencionar que se dejado de lado el complicado vocabulario jurídico para dar pie a reducir la asimetría de información es una sobresimplificación de los cambios formales en la práctica de la abogacía. En todo caso, es un mero síntoma de un cambio mucho más profundo impulsado por la democratización del conocimiento. Ello llevó a que cualquier persona pueda acceder a los textos, códigos e ideas que antes resguardaban los abogados con tanto recelo. En consecuencia, debemos reevaluar qué es lo que protegíamos, ¿eran los textos legales y las opiniones de los jueces o nuestra misión es velar por los valores de una sociedad más justa, más equitativa y más próspera? Los abogados hemos entendido que fuimos, somos y seremos más que bibliotecarios de textos históricos, sino los traductores de sus principios, los guardianes de sus valores y los impulsores de una sociedad más apegada a ellos.
¿Cómo ve la práctica profesional de los abogados en el futuro cercano?, ¿en qué va a cambiar?
La figura del abogado, como la del doctor, se basa en la confianza. Los abogados debemos adaptar nuestras labores, nuestras formas y nuestro fondo a brindar más confianza a los clientes, contrapartes y autoridades. La forma será en transparentar qué hacemos y por qué lo hacemos. Ello, siguiendo las mismas tendencias que desafiaron a bancos, agencias de viajes, hoteleros y medios de comunicación: la desintermediación, la deconstrucción y la desconfianza.
En este tenor, el abogado tendrá que dejar de ser visto como un intermediario entre el cliente y el acceso a la justicia, la protección legal o la negociación con contrapartes. La tendencia, como en los sectores de transporte, financiero y de entretenimiento, es que el intermediario sea percibido como un obstáculo y un aumento en costos. Por ello, los abogados deberemos de demostrar que nuestra participación facilita que los fines del cliente sean alcanzados e, incluso, le reduce costos o riesgos.
“El concepto de abogado digital es un síntoma positivo de que nos atrevemos a retarnos a nosotros mismos, a nuestras convenciones, a nuestras tradiciones.”
De la misma forma, deberemos comprender que no contamos con el monopolio de los servicios jurídicos; sobre todo, aquellos de posible automatización. Más allá de discutir si la inteligencia artificial sustituirá a los abogados, estimo que las herramientas tecnológicas permitirán que los despachos se enfoquen en servicios jurídicos de fondo, que requieren de un análisis profundo y multidisciplinario. El abogado, en consecuencia, no requerirá de habilidades de llenado de formatos, gestoría y palomeo de checklists. Ello podrá ser tomado por prestadores alternativos de servicios legales, que harán el servicio infinitamente más escalable y económico.
Por el contrario, el abogado se enfocará en la solución de casos con una profunda carga ética, la preparación de estrategias con múltiples perspectivas y la optimización de modelos de negocio mediante análisis de riesgo.
¿Para usted qué significa el concepto de abogado digital?
El concepto de abogado digital responde a la tendencia de buscar reinventar una profesión profundamente tradicional. Me parece en extremo curioso que sea el único gremio que ha buscado darle ese apellido a su tendencia revolucionaria. No escuchamos de doctores digitales, financieros digitales, ingenieros digitales, ni economistas digitales. Los políticos no se colocan dicho adjetivo, ni los psicólogos, ni contadores.
En consecuencia, el concepto de abogado digital es una forma de legitimar una tendencia que reta las formas con las que siempre nos hemos conducido. Lo considero como un síntoma positivo de que nos atrevemos a retarnos a nosotros mismos, a nuestras convenciones, a nuestras tradiciones. Espero que sea transitorio, de manera que, algún día, lo digital sea tan esencial para el jurista que decir “abogado digital” sea un pleonasmo.
¿Qué tienen que hacer los abogados actuales para convertirse en abogados digitales?
Primero que nada, tenemos que huir de la tendencia de buscar regular cualquier innovación. En lugar de crear nuevos contenedores para cada avance tecnológico, es necesario estudiar si su operación –en lo más esencial– tiene cabida en las figuras, principios y conceptos existentes. Para ello, debemos retomar los principios y entender cómo se adaptan a la nueva realidad social. Pretender comprender únicamente la superficie es un riesgo, pues esta cambia constantemente.
Para cumplir con lo anterior, es menester estudiar nuevamente los principios y comprenderlos a cabalidad. Antes de buscar regular nuevas relaciones jurídicas, comprendamos las existentes para determinar si la realidad se adapta a ellas. Antes de crear nuevas instituciones supervisadas, analicemos si las actividades por regular tienen cabida en las existentes. Antes de discutir nuevas leyes, critiquemos las vigentes.
Finalmente, me parece que los abogados tenemos la responsabilidad de definir cuáles son los problemas jurídicos que verdaderamente requieren de nuestra atención y análisis. ¿Debemos enfocar esfuerzos en definir si es válido anunciar productos digitalmente? ¿Es prioritario que se estudie si pueden competir dos aplicaciones de entrega de comida a domicilio? Considero que los verdaderos abogados digitales debemos promover que nuestros jueces definan el rol de las redes sociales en la libertad de expresión y el acceso a la información. Debemos llevar a estudio de las más altas instancias jurídicas la proporcionalidad de crear bases de datos gubernamentales sobre el comportamiento de los ciudadanos. Y, por supuesto, tenemos el deber de calcular cómo medir la responsabilidad algorítmica en cuanto a la creación de necesidades, generación de tendencias y proliferación de ideas.
“Antes de buscar regular nuevas relaciones jurídicas, comprendamos las existentes para determinar si la realidad se adapta a ellas. Antes de crear nuevas instituciones supervisadas, analicemos si las actividades por regular tienen cabida en las existentes. Antes de discutir nuevas leyes, critiquemos las vigentes.”


