Una de las sorpresas del final del sexenio peñista o quizá del inicio del periodo lópez obradorista, es la exoneración de Elba Esther Gordillo, la exlideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). La maestra se ha desempeñado como diputada, senadora y secretaria general del PRI, incluso fundó su propio partido político, Nueva Alianza. Arrestada en marzo de 2013, por los cargos de lavado de dinero y delincuencia organizada, permaneció recluida en el Reclusorio Femenil de Tepepan; posteriormente, pasó a arresto domiciliario. El pasado 8 de agosto, mismo día de la entrega de la Constancia oficial de Presidente Electo a Andrés Manuel López Obrador, el magistrado Miguel Ángel Aguilar López, titular del Primer Tribunal Unitario en Materia Penal del Primer Circuito, la exoneró de las acusaciones, al considerar que no se había acreditado los delitos por los que la acusó y encarceló cinco años seis meses la PGR. El 20 de agosto, en su reaparición ante los medios de comunicación –precisamente el día de inicio de clases–, expresó: “recuperé la libertad y la reforma educativa se ha derrumbado”; además, se declaró inocente y aseguró que fue encarcelada como producto de una persecución política, acoso e injusticia. En su discurso dejó entrever que está dispuesta a reclamar el sindicato que la empoderó y reiteró su lealtad a los integrantes del snte y a la defensa de la educación pública, laica y gratuita en el país. Acaso su liberación y la entrega de la constancia de Presidente Electo a amlo es sólo una “coincidencia histórica”, como lo aseguró la futura Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y también la afirmación en la mañana de la maestra que la “reforma educativa se ha derrumbado”, y en la tarde la de amlo que la cancelaría. Por lo pronto, el abogado de la maestra, Marco Antonio del Toro, amenazó que demandará a Carlos Loret de Mola por daño moral, ¿acaso el periodista será el primer objetivo de la lista negra de la maestra o tal vez Aurelio Nuño?


