Un día antes de morir en la silla eléctrica, el 23 de enero de 1989, el asesino serial Ted Bundy sintió la urgencia de vomitar todos los detalles de su vida criminal, incluyendo los pavorosos asesinatos que ni la policía conocía. Habló detalladamente sobre su juventud con James Dobson, fundador de Enfoque en la Familia, como nunca lo había hecho. Ahí le presentó a su entrevistador la clave para entender su desprecio por la vida humana. Un elemento que el multihomicida calificó como un “pequeño, pero muy potente, muy destructivo, episodio en mi vida”: la pornografía. El reo, de 42 años, creía que una larga confesión le permitiría aplazar su muerte en la prisión estatal de Florida.[1]
Cualquiera pensaría que un hombre que mató “oficialmente” a 36 niñas y mujeres en Estados Unidos, y que sentía una compulsión por mutilar los cuerpos y tener sexo con cadáveres, inició ese contacto con las imágenes más perturbadoras que pudo encontrar. Sin embargo, no fue así. Su puerta de entrada fue lo que en Estados Unidos se conoce como soft porn, un tipo de pornografía que simula las relaciones sexuales en lugar de la violencia explícita que hay en los sitios para adultos. Pornografía tan “inofensiva” que él, siendo niño, encontró en un supermercado.
Bundy recuerda que a partir de ese momento se enganchó al placer que sintió cuando vio esas imágenes. “Como una adicción”, le llamó frente a James Dobson. Al igual que una droga que genera resistencia, Bundy buscó dosis cada vez más altas para regresar a ese primer placer. Un desnudo ya no era suficiente: buscaba imágenes de sexo violento, violaciones, agresiones de una decena de hombres contra una mujer, heridas, el feminicidio como un catalizador del orgasmo.
Hasta que un día la pornografía más sádica ya no fue suficiente. El siguiente paso natural era pasar de espectador a protagonista. Y el 4 de enero de 1974, Bundy llevó la fantasía a la realidad: entró al cuarto de una joven –Joni Lenz de 18 años– y la golpeó con una palanca en la cabeza, la ató a la cama y violó. El ataque fue tan brutal que Joni resultó con un daño cerebral permanente. Bundy actuó de esa manera inspirado por una película pornográfica. El resto es conocido: mataría una y otra vez durante cuatro años más hasta ser detenido.
Su comportamiento está estudiado y comprobado por las mentes científicas más expertas en el campo: la influyente Asociación Médica Americana publicó en 2014, en su revista Journals of the AMA, la investigación titulada “El cerebro del porno”. Entre otras cosas, los autores confirmaron que la pornografía provoca en los más jóvenes un creciente deseo por buscar materiales que escalen en violencia e ilegalidad. Cuando se llega al tope de la violencia simulada, la adicción ya es tan profunda que lleva a convertir esas fantasías en realidades.
Algo similar encontró, tres años después, el Instituto para el Desarrollo Humano Max Planck, con sede en Alemania, especializado en ciencias sociales: los resultados de un estudio concluyeron que entre más pornografía se consume, más se deterioran las conexiones neuronales. Las sustancias que produce el cuerpo ante la exposición prolongada a la pornografía afectan negativamente a la corteza prefrontal del cerebro, responsable de la motivación del individuo y el autocontrol.
Además de las mentes científicas que han alertado sobre este problema –otra voz experta es la respetada investigadora Valerie Voon de la Universidad de Cambridge, quien demostró que la adicción a la pornografía es similar a la adicción a las drogas– también lo han hecho mandatarios que han visto su poder destructor en las comunidades. El más reciente y conocido caso es el del gobernador Gary Herbert, quien en 2016 declaró a la pornografía como una crisis de salud pública en Utah, Estados Unidos. Embarazo adolescente, aumento en infecciones de transmisión sexual, adicción a la pornografía, violencia sexual en las universidades, violaciones; detrás de todas esas epidemias que impactan en la salud y seguridad pública había un común denominador, según Herbert: la pornografía. Y aunque su prohibición en el estado es una batalla pendiente, ha logrado encender un debate necesario: ¿qué tanto moldea la pornografía a nuestra sociedad?
En México, las autoridades legales más influyentes también han abordado este tema. En agosto de 2018, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló sancionar la producción, comercio y distribución de pornografía como una forma de explotación a la que se someten las víctimas de trata de personas. Con el fallo, los magistrados avalaron la constitucionalidad de la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, que desde el 2012 brinda protección y un marco de derechos humanos para las víctimas.
Esta ley enumera en el artículo 10 una serie de formas de explotación que derivan en el delito de trata de personas. La más visible es la explotación de la prostitución ajena, que tiene entre sus expresiones el turismo sexual y la pornografía, según el artículo 13. Ese mismo artículo contiene una fracción importantísima para el cuidado de nuestra sociedad: será sancionada con entre 15 y 30 años de prisión, sin incluir algún agravante, la persona que –fracción IV–se aproveche de una situación de vulnerabilidad.
Este tipo penal busca proteger la libre autodeterminación de las personas que deciden participar en imágenes o videos pornográficos, y al mismo tiempo, nos abre la oportunidad de analizar en qué situaciones de “libertad” esa persona aceptó las condiciones del “trabajo”: ¿se aprovecharon de su pobreza?, ¿de sus deseos de seguir estudiando?, ¿de su necesidad de comprar leche para sus hijos o de su urgencia para obtener medicinas para su madre? ¿La vulnerabilidad fue un factor determinante sin el cual la persona explotada sexualmente no hubiera aceptado las condiciones impuestas por el “empleador”?
Aunque la industria multimillonaria de los contenidos para adultos (que hoy consumen el 90% de niños entre 8 y 17 años, según Josh McDowell) se esfuerce en hacer creer a sus consumidores lo contrario, ¿qué autodeterminación tiene una mujer a la que le ofrecen la alternativa de no comer o aceptar unos billetes a cambio de practicarle sexo oral a un desconocido frente a una cámara? Donde hay hambre, no hay libertad para elegir.
En la Comisión Unidos Vs Trata sabemos muy bien que esa es una historia común entre las niñas y mujeres que llegan a nosotros para reencaminar su vida. En algún momento, su estancia en la prostitución forzada se cruzó con una cámara fotográfica o de video que registró violaciones y secuestros como si fueran inocuas sesiones de desnudos o relaciones sexuales consentidas con su pareja. O víctimas que aceptaron ser grabadas ante la falta de empleo y oportunidad. Imposible saber cuántas de esas imágenes circulan en internet y están hoy en los ojos de un niño de 11 años a través de uno de estos populares sitios, que hasta finales de 2017 contenían más de 595 mil 492 horas de video, es decir, la vida entera de una persona de poco más de 68 años.
Reconocemos y respetamos la autodeterminación de las personas que lo hacen sin coerción alguna. Es su derecho. El nuestro, como activistas, es preguntar a la sociedad: ¿cómo asegurarnos de que esta industria no use el sufrimiento ajeno como un afrodisiaco, especialmente en un país donde 6 de cada 10 mujeres sufren violencia?, ¿qué experiencias internacionales nos sirven para darle protección legal a esos dos millones de niños y niñas en el mundo que son utilizados anualmente en la “industria del sexo”, según la Unicef?
En Reino Unido han elegido regular la industria pornográfica, ante la imposibilidad logística de prohibirla. Por ejemplo, está prohibida la producción de videos o imágenes que intenten representar a niños o niñas con personas mayores de edad. Tampoco se permiten prácticas que atentan en contra de la dignidad de la persona, como el fisting –la introducción de la mano o parte del brazo en el ano/recto o en la vagina– o la simulación de una violación que termina en feminicidio.
En México, país con uno de los primeros lugares en producción de pornografía infantil y en turismo sexual con menores de edad, debemos aspirar a un debate sin prejuicios, con información científica, legal y, principalmente, incluyendo la voz de las víctimas. Nosotros tenemos nuestra postura muy clara: evitar y educar contra la violenta pornografía no sólo protegerá a nuestras niñas y mujeres, sino que también creará mejores niños y hombres.
Nos permitirá impedir que otro Ted Bundy se meta en nuestras escuelas, calles y hogares; nos asegurará que será la compasión, y no el horror, lo que nos defina como sociedad. Recordemos esa última frase en aquella entrevista a Bundy: “Yo era esencialmente una buena persona, tenía buenos amigos y vivía una vida normal excepto por la pornografía”. Y tengamos en mente su última advertencia: “Yo creo que la sociedad merece ser protegida de mí y de personas como yo”.
“En México, país con uno de los primeros lugares en producción de pornografía infantil y en turismo sexual con menores de edad, debemos aspirar a un debate sin prejuicios, con información científica, legal y, principalmente, incluyendo la voz de las víctimas.”
Protejámonos con acciones concretas:
- Usemos las aplicaciones disponibles para teléfonos celulares, como Covenant Eyes, con la que una familia puede instalar un filtro en sus teléfonos móviles para no visitar sitios pornográficos.
- Visitemos la página FightTheNewDrug.org (Batalla contra la nueva droga, en español), que proporciona ayuda a quien crea que ha desarrollado una adicción en este tema.
- Usemos la línea contra la trata de personas –01 800 5533 00– para denunciar todo lo que nos parezca sospechoso en cuanto a explotación humana.
- Estemos al pendiente del Foro Global de Desarrollo Sostenible, un Camino para Aprender, que emitirá conclusiones sobre la trata de personas para poner fin en 2025 a esta nueva forma de esclavitud moderna.
Hagamos caso. Es crucial: tengamos presente lo que alertó uno de los peores asesinos seriales en la historia hace 30 años, ¿qué estamos esperando para actuar?
[1] El video de la entrevista con Ted Bundy puede consultarse en el siguiente link: https://m.youtube.com/watch?v=HDgJPYTxhEY


