El sonido de las rejas al cerrarse con llave, improvisaba un concierto de bisagras y metales crujiendo al unísono, que anunciaba la hora de dormir. La cárcel era un sitio poco inspirador para albergar la ilusión de ver un nuevo amanecer.
La participación política y social de Madiba contra la discriminación racial en su país y las leyes que la justificaban, le habían confinado a la cárcel, recibiendo el maltrato y desprecio del sistema en el poder. Entró a prisión en 1961 bajo los cargos de incitación a la huelga y abandonar el país sin pasaporte, recibiendo condena de cinco años inicialmente, que se convirtió en cadena perpetua por el delito de sabotaje, en el ahora conocido Juicio Rivonia, sustanciado por el juez Quartus de Wet.
Es curioso, pero el primer organismo internacional que realmente se opuso de forma abierta e innegociable contra el apartheid sudafricano, fue el comité olímpico internacional, al emitir un ultimátum a ese gobierno, informándole que no volvería a participar en la competición, hasta que eliminase las leyes que discriminaban a la gente de color en su país. La detención de Mandela fue en 1963, y Sudáfrica no participó en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Él sabía que su tiempo en prisión podría ser menor con las reacciones internacionales.
Pero no podía estar más equivocado. Los días eran eternos y la frustración permanente de haber fallado a sus ideales se reafirmaba minuto a minuto en los muros que contenían toda posibilidad de acción. En realidad, es difícil entender porqué pasó tanto tiempo para que terminase la pesadilla racial en Sudáfrica. Mandela se ahogaba en su propia ansiedad, sin poder hacer mucho, lo que terminó cobrándole factura también en su salud. Ese infierno particular le acompaño minuto a minuto, semana a semana, durante treinta y dos años de soledad, privación, maltratos y aislamiento.
Su gran enseñanza fue transformarse en esos muros, a los cuales ingresó siendo un joven rebelde e impetuoso, y salió siendo un estadista mundial con visiones universales, sin que el contexto y abusos de la prisión quebrasen sus anhelos.
Son pocos los seres humanos que han soportado tanto y se han mantenido limpios de espíritu. Pudo haber escogido el camino de Edmundo Dantés en el clásico El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, pero decidió lo contrario. Quizá por eso sea Nelson Mandela, el líder político más querido de la historia. Dedicó su duro camino a la lucha por la libertad de las personas, la igualdad entre razas, y la liberación de su país. En su caminar nos ha dejado lecciones de gran valor. Supo transformar su tragedia personal y las injusticias de su cautiverio para nutrirse de conocimientos y temple. Al salir de la cárcel expuso su misión: liberar tanto al oprimido, como al opresor.
“La gran enseñanza de Mandela fue transformarse en esos muros, a los cuales ingresó siendo un joven rebelde e impetuoso, y salió siendo un estadista mundial con visiones universales, sin que el contexto y abusos de la prisión quebrasen sus anhelos.”
En lugar de forjar un resentimiento con sed de venganza y odio, decidió estudiar derecho. Es difícil imaginar la serenidad necesaria para dominar los pensamientos internos y reencauzar en una mazmorra una visión positiva de su propia causa. Pudo estudiar por correspondencia a través del programa de la Universidad de Londres, recibiendo su título de abogado en 1942.
Fue el primer presidente de color de su país y el primero también en ser elegido democráticamente. Si la historia de los sistemas democráticos buscase su cuento de hadas, sin duda lo tiene en Sudáfrica y en Nelson Mandela, su protagonista indiscutible.
Premiado por la comunidad internacional y galardonado con el premio Nobel de la Paz, logró de forma unánime y contundente el apoyo de la ONU para declarar el día de su nacimiento, el 18 de Julio, el Día Internacional de Nelson Mandela, con el fin de difundir su historia y legado.
“Lo mas fácil es romper y destruir. Los héroes son los que firman la paz y construyen”, afirmó en alguna ocasión. Se volvió ídolo de ídolos. Legiones de personajes públicos se inclinaron ante la lección de vida de uno de los espíritus más grandes que ha visto la historia de la humanidad, quien expresó: “La eliminación de la pobreza no es un gesto de caridad. Es un acto de justicia.”
Los cantantes se han desbordado en componer y cantar melodías en su honor. La recopilación para este nuevo tracklist inicia con el grupo irlandés U2, quienes compusieron “Ordinary Love” para la banda sonora de la película dedicada a Mandela, premiada con el Globo Oro en la categoría de Mejor Canción Original y nominada al Oscar en la misma categoría.
Una de las cantantes más disruptivas de la década de los 80, Tracy Chapman, compuso y dedicó a Mandela la canción “Freedom Now”. El virtuoso de la guitarra, hijo prodigo de Autlán de Navarro, lo mejor que le pasó a Jalisco después del Tequila, le dedicó una canción: Carlos Santana montó una mezcla de ritmos africanos con percusiones latinas y su legendaria guitarra, titulada “Mandela”. Su enorme valor es que lo hizo en 1988, cuando aún se encontraba en prisión. El gesto le garantizó al mexicano un lugar en el Tributo a Nelson Mandela, verificado en Wembley con motivo de sus setenta años de vida.
Otros artistas que desde la fuerza de su voz apoyaron a Mandela fueron Public Enemy con el tema “Prophets of Rage”; la colaboración de Dave Stewart, Joe Strummer y Bono, en la melodía “46664”, que era el número que recibió nuestro homenajeado al ingresar a la prisión de Robben Island.
Pablo Milanés, enamorado del hombre y su causa, le regaló una preciosa composición titulada: “Nelson Mandela, sus dos amores”, donde afirma: “y como pólvora regaste el amor, que te sostiene en una prisión, que te va a liberar.”
Ejemplo de vida para recordar, para no olvidar, para difundir. Sea su legado para inspirarnos, para tomar acción, promover el cambio y saber ser pacientes, para transformarnos y cambiar nuestras vidas, lejos de la violencia.


