El color negro ha sido culturalmente asociado a significados diversos. Por un lado, es considerado sinónimo de elegancia, de sobriedad, y está presente como simbólico uniforme en las ceremonias de obtención de títulos o grados académicos.
Por otra parte, dada su ausencia de luz o brillo, también ha sido asociado a la noche, a la oscuridad o al mal.
Desde Roma se tiene registro del uso cotidiano de la prenda y con el paso del tiempo y la evolución de las sociedades su incorporación a las casas de justicia ha sido una forma de identificar a los profesionales que la imparten.
Ser parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), además de ser un altísimo honor, es un gran compromiso. Mucho se ha escrito sobre la trascendencia social y profesional adquirida por cualquier abogado al ingresar a trabajar en el máximo “templo de justicia”.
Bajo la arquitectura jurídica nacional, la SCJN es considerada como la balanza que mantiene el equilibrio entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, un resultado cuyo origen histórico se ubica en la democracia ateniense, la república Romana, y las ideas de Montesquieu y John Locke.
En un país cuya historia ha demostrado el ejercicio del poder en forma absoluta a pesar de las leyes, y con ejecutivos todopoderosos, no es difícil deducir la influencia y posible intervención del Ejecutivo sobre el Judicial.
Al punto de convertirse la autonomía e independencia judicial en un elemento distintivo y fundamental para garantizar la calidad de separación de poderes lograda en cada sistema nacional, con la finalidad de no supeditar la impartición de justicia a ningún órgano de poder político, lo cual además legítima al impartidor de justicia ante la ciudadanía a la cual sirve.
Las pugnas entre poderes, son leyendas urbanas, secretos a voces, los pulsos dentro del sistema político nacional no son nuevos, ni deben considerarse raros, y la discreción en la forma de resolver tales diferencias no siempre han sido públicos, hasta ahora.
En recientes fechas nos han confirmado una sospecha generalizada: expresidentes de la república han ejercido presión sobre la Suprema Corte. Confirmación que no se presenta en forma de filtración surgida del anonimato o de las redes sociales, es el mismo Presidente del máximo órgano de justicia quien afirma la existencia de ello, y da nombres y casos concretos, señalando a Felipe Calderón como infractor y los temas de Guarderías ABC y Florence Cassez los motivos.
Con esos dos ejemplos, debidamente documentados en la prensa nacional, se suma otra confirmación más: la existencia de una línea telefónica directa del despacho del presidente de la República, hacia el escritorio del presidente de la corte.
El famoso “teléfono rojo” del cual han hecho mofa innumerables programas de comedia, es una realidad, desde la cual se asume la vía para aprobar, desaprobar o brindar instrucciones concretas en determinados casos.
Se suma a todo ello las críticas que exintegrantes de este importante cuerpo de justicia realizan al Gobierno Mexicano, como es el caso de José Ramón Cossío, Ministro en retiro y con una permanente y fructífera actividad reciente en temas políticos.
Sin olvidar que la actual titular en la Secretaría de Gobernación es la Dra. Olga María del Carmen Sánchez Cordero Dávila, quien también ocupó una silla en el pleno de ministros de nuestra Suprema Corte, siendo la primera mujer en la historia del país en ocupar la titularidad y responsabilidad de la política interior mexicana.
Por tanto, es evidente que ministros y exministros nunca estuvieron tan activos, y tan involucrados en la realidad de la política nacional como ahora.
La promesa del presidente Andrés Manuel López Obrador es la de respetar las instituciones y no presionar al Poder Judicial, lo cual, al menos hasta ahora, ha sido confirmado por el presidente de la Corte, el Ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.
Es indudable que el color de la toga es duro, pero todos, sin excepción, quisiéramos que los seres humanos con esa “sagrada” investidura, la de Ministro, no dejen de ser idealistas, que defiendan los principios primigenios de nuestra Constitución y permitan que los ciudadanos veamos en ellos a seres humanos sensibles, responsables con las causas que juzgan, y que obsequien en cada decisión lecciones de grandeza de espíritu.
“Es evidente que ministros y exministros nunca estuvieron tan activos, y tan involucrados en la realidad de la política nacional como ahora.”
El nuevo gobierno ajusta su primer año y la Suprema Corte debe, sin injerencias externas de ningún tipo, ser la mejor Corte posible, demostrándolo en cada sentencia, día a día, y evitando involucrarse en temas políticos, tarea difícil, pero posible, lo veremos con el tiempo.
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Felices fiestas navideñas queridos lectores, y que el deseo de un ángel guardián de la justicia se haga realidad en cada integrante de nuestra Suprema Corte, pues el mejor halago para sus integrantes es la certeza social de su integridad y su sagrado espacio al resolver, libre de presiones o directrices ajenas a las jurídicas, pero sin olvidar el sesgo humano al cual van dirigidas sus determinaciones.


