Debajo de la gran pandemia subyace el espíritu humano, frágil, vulnerable, temeroso pero persistente.
Estamos en una gran lucha por nuestras vidas, donde para salvarnos, debemos frenar y ver caer mucho del andamiaje económico y social al que estábamos acostumbrados.
¿Alguna vez tuvo curiosidad por saber cómo era la vida en el espacio, viviendo mucho tiempo en una misma área física? Pues con esta pandemia puede tener usted una cercana idea de ello, en caso que haya realizado el esfuerzo de no salir de casa, o salir lo menos posible.
En Asia, específicamente en Seúl, Corea del Sur, algunos lugares de entretenimiento y ocio reabrieron sus puertas, buscando regresar a la normalidad, considerando los buenos datos y números que habían obtenido respecto del número de contagios, pero de manera inmediata detectaron un repunte de infectados de Covid-19 originados en esos centros nocturnos, razón por la cual fueron cerrados nuevamente.
Si alguna vez quiso usted formar parte de algo único en la historia de la humanidad, le informo oficialmente que está siendo testigo viviente de un episodio que estará pronto en nuestros libros por todos los tiempos, marcado con toda claridad como un antes y un después de la pandemia.
Sin importar su actividad, abogado, ingeniero, arquitecto, fotógrafo, dj, taxista, médico, todos, sin excepción, se están cuestionando cómo será en el futuro inmediato el desempeño de su profesión. Déjeme decirle que está en lo correcto: es indispensable que lo visualice o lo integre a través de las redes sociales e internet.
Los modelos de negocio que mejor se han adaptado a los nuevos tiempos son aquellos que incorporan herramientas digitales de comunicación para vender productos o servicios. Valdría la pena consultar con la almohada si estás haciendo lo suficiente para reinventarte en esos términos.
Los días avanzan, los efectos de la pandemia son innegables, y aun el mundo no sabe cuánto durará el confinamiento, es difícil predecirlo sin una vacuna probada y viable.
20 años en el nuevo milenio y la vida volteó de forma obligada nuestra mirada al hogar, y creo que todos coincidimos en que hemos descubierto cosas que ni idea teníamos que urgía atender.
El planeta y la naturaleza descansan un poco de nosotros. Nunca nadie ha tenido certeza de vida, pero ahora, somos más vulnerables, vivir los días como si fueran los últimos tiene mucho sentido. Seguiremos añorando el abrazo social, la convivencia, aquello que antes infravaloramos porque pensamos que el celular era suficiente. Otra lección aprendida.


