Por si la pandemia fuera poco, febrero nos sorprendió con tremenda tormenta invernal que apagó cuatro estados fronterizos del norte del país. Pronto, la emergencia que inició un lunes en Texas se extendería a más de la mitad del territorio mexicano, pues el suministro de gas natural que proviene de esa entidad quedó suspendido y el servicio eléctrico muy vulnerable. Para el martes, la Cenace informaba que haría “cortes de carga rotativos y aleatorios con el propósito de mantener la continuidad y confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional”, inicialmente se contemplaban 12 entidades, pero fueron 26 estados los que vivieron los apagones. Manuel Bartlett Díaz, director de la CFE afirmó que fue toda una hazaña evitar un desastre y se pudo sustituir ese vacío que deja el gas que no ha llegado a nuestro país. Expertos explicaron que hay una doble dependencia que provocó la emergencia, la dependencia al gas natural, y la dependencia al gas natural que produce Estados Unidos, Texas en particular. Mientras que, por el lado jurídico, algunos invitaron a revisar los contratos de la CFE con los productores y saber si la interrupción del suministro podría causar indemnización, sin embargo, el gobierno mexicano lo atribuyo a un factor natural y no preveía tomar medidas jurídicas. Es claro que se trata de un problema de décadas, esperamos que la estrategia del gobierno sea la mejor. La cuestión es la conveniencia de seguir confiando en los recursos no renovables.


