Los actuales comicios 2015, tanto a nivel local, como federal, están siendo caracterizados por las escasas propuestas, las descalificaciones partidistas y, particularmente, por la desconfianza ciudadana.
Así lo corrobora la propia autoridad electoral, el Instituto Nacional Electoral (INE), en voz de su Presidente, Lorenzo Córdova Vianello, quien recientemente aseguró que de acuerdo a una encuesta que mandó hacer el INE, el 50% de los electores en el país desconfían de nuestros procesos electorales, lo que vislumbra un escenario de gran abstencionismo para el próximo 7 de junio. Incluso, el Dr. Lorenzo Córdova reconoce el poco interés en estas elecciones intermedias, expresando su preocupación por el abstencionismo y la práctica del voto nulo, que serán más fuerte.
Habrá que agregar varios factores más que amenazan, que la elección más cara de la historia de México, será un retroceso democrático. En primer término, la abierta amenaza de normalistas y maestros disidentes, de boicotear la jornada electoral en varias regiones de Guerrero, Michoacán y Oaxaca.
Lo complicado que resultaron las candidaturas independientes para ciudadanos que aspiraron a estar en las boletas sin el aval y apoyo de los partidos políticos. Este ideal de la democracia participativa, luego de 2 décadas de estarse intentando, parece que quedará una vez trunco.
La invitación que hicieron los partidos a diferentes actores de la política, la farándula y el deporte, para ganarse la simpatía del electorado, así como la falta de seriedad de algunos personajes que aspiraron a llegar a ocupar un cargo de elección popular, han sido también un importante factor de desencanto ciudadano.
Las previsiones de algunos analistas en el sentido de que difícilmente llegaremos a un 40% de participación en las urnas, es muy delicada, pero también muy explicable. Los 7 millones de spots previos a las campañas son un abuso y un atentado a la inteligencia ciudadana, de la mano de campañas carentes de propuestas y plagadas de todo tipo de actos irregulares e ilegales, de descalificaciones y de violencia verbal y física que promueven los partidos políticos.
Habría que agregar los escándalos de uno de los partidos que más ha avanzado en los últimos tiempos, el PVEM o Verde, que abusando del marco de impunidad en el que vivimos en México, sin respetar el marco normativo electoral, ha venido cometiendo reiteradamente actos ilícitos en materia electoral, a sabiendas que, aunque lo pidan algunos partidos, ni el INE, ni el TEPJF se atreverán a cancelar su registro en la mesa, sino que será únicamente el electorado quien decida, en la urnas, si debe o no seguir existiendo el Partido Verde. Cabe recordar que de acuerdo con la ley electoral vigente, un partido pierde su registro cuando no obtenga por lo menos el 2% de la votación en alguna de las elecciones federales ordinarias para diputados, senadores o para Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y sólo así perderá todos sus derechos y prerrogativas.
Por otro lado, también desanima a la población la gran actividad judicial electoral para corregir irregularidades y falta de precisión en las autoridades administrativas.
Frente a este complejo escenario de evidente desconfianza de la ciudadanía, en el INE, incluso de los propios partidos políticos, que el mes pasado permanecieron alejados de las sesiones del Consejo, todo parece indicar que la Reforma Político Electoral de 2014, propuesta e impulsada por el pan y negociada al vapor con el PRI, a cambio de la Reforma Energética, será un fracaso y que tendremos que enfrentar una nueva reforma electoral para los comicios presidenciales de 2018.


