El atentado que sufrió el pasado viernes 26 de junio el Secretario de Seguridad de la CDMX, Omar García Harfuch, en el corazón de la capital del país, es un acto por demás preocupante y trascendente debido a las implicaciones políticas, de seguridad y de inteligencia que tiene, particularmente porque se trata del más poderoso, audaz y violento cartel que opera en México, que se atrevió con esta acción a desafiar al Estado mexicano.
Es bien sabido que existe un pacto no escrito ente los grupos de la delincuencia organizada y entre las fuerzas del orden de mantener la capital del país como un lugar neutro de manifestaciones extremas de violencia y delincuencia, particularmente porque aquí se concentran las sedes de las Fuerzas armadas, la extinta Policía Federal, hoy Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad Federal, la Presidencia de la República, la Fiscalía General de la República, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y hasta hace dos años el bien estructurado Estado Mayor Presidencial, que lamentablemente desapareció López Obrador.
Sin embargo, el pacto se rompió con el arrojo del capo Nemesio Rubén Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que tiene hoy una presencia delincuencial en casi todo el territorio nacional, como una respuesta a la extradición a los Estados Unidos de su hijo Rubén Oseguera González “El Menchito” y por las valientes y brillantes acciones del Lic. García Harfuch contra los carteles de la CDMX ligadas al CJNG.
El Gobierno Federal que encabeza AMLO no puede pasar por alto éste que constituye el primer gran desafío de un cartel de la droga en apenas año y medio de su gestión, poniendo en evidencia lo rebasadas que se encuentran las instituciones públicas de seguridad y sobre todo las agencias de inteligencia.
A pesar de haber cobrado tres víctimas mortales, dos oficiales de policía y una mujer que ocasionalmente pasaba por ahí como un daño colateral, afortunadamente Omar García Harfuch no tuvo heridas graves y el atentado fallo, pero el hecho no puede ni debe ser pasado por alto. Debe ser el punto de partida para despertar y afinar las estrategias de prevención y combate frontal al crimen organizado, especialmente ahora que el Presidente López Obrador ha delegado completamente las tareas de seguridad pública al Ejército y a la Marina.
Por dignidad, por compromiso con el pueblo de México y para seguir manteniendo a las instituciones públicas con la mayor confianza de la ciudadanía, esperamos que en breve la fuerzas armadas desmantelen al CJNG y pongan tras las rejas al “Mencho” y, al mismo tiempo, que El secretario García Harfuch haga lo propio en la CDMX con el Cartel Unión Tepito, además, debe dejarse de lado el discurso condescendiente del Ejecutivo de “abrazos, no balazos” y “pórtense bien”.


