El mundo moderno padece una alarmante crisis de valores. En muchos aspectos, lo que antes era malo, ahora parece bueno; lo que antes era bueno, ahora parece malo. La ética y la religión están en crisis. Su desuso es cómodo para la vida moderna. La música es fiel reflejo de ello. ¿Han notado como se decía y como se declara el amor en las melodías?
Las redes sociales, la libertad de opinión, su difusión abierta y masiva, es algo a lo que tampoco estábamos acostumbrados y han generado un macroempoderamiento del pensamiento individual llevado a niveles jamás imaginados.
Los griegos y los enciclopedistas de la Ilustración, establecieron conceptos que cambiaron las sociedades democráticas; no obstante, la tecnología materializó el máximo sueño de la democracia: todo ciudadano –con celular y acceso a redes sociales–, puede expresarse libremente sin intermediarios, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de representante social para sentirse escuchado, poniendo en entredicho la existencia de congresistas, pues muchos ciudadanos se sienten mas representados por Twitter o Facebook que por su delegado, diputado o senador, a los que en muchas ocasiones no conocen y con los cuales nunca han hablado y, muy probablemente, jamás lo hagan.
En este mundo al revés, es cuando vale la pena rescatar el legado de personas como Oscar Arnulfo Romero, quien de forma permanente denunció las violaciones de los derechos humanos de las personas más vulnerables de El Salvador. Su respeto por la vida humana siempre fue su mayor motivación, y su vocación por ayudar a los más necesitados se hizo evidente incluso a nivel internacional, proponiendo el diálogo como la vía para dirimir diferencias, y oponiéndose a toda forma de violencia para evitar el enfrentamiento armado, lo cual lamentablemente le costó la vida el 24 de marzo de 1980.
Fue su vida y el reconocimiento universal del legítimo derecho a la verdad de las personas lo que motivó a la ONU a crear el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas, que se celebra cada 24 de marzo. Lo que nos remite inmediatamente a un tema que ha quedado abierto en nuestro país, ese negro capítulo de la historia contemporánea donde 43 estudiantes fueron desaparecidos. Los esfuerzos por esclarecer los hechos han sumido a la sociedad y a las autoridades entonces encargadas de las investigaciones, en un enfrentamiento abierto, directo y con dos líneas de pensamiento totalmente opuesto.
El gobierno federal nos entregó una investigación ampliamente documentada, ahora conocida como “verdad histórica”, que desde sus inicios se mantuvo en contradicción con la opinión experta de especialistas internacionales, enarbolando los padres de los estudiantes una lucha permanente por encontrar justicia para sus hijos.
“A principios del mes anterior, el presidente Andrés Manuel López Obrador reafirmó su compromiso de esclarecer la desaparición de los 43 estudiantes, ofreció protección a quienes den pistas del caso, y la creación de una Fiscalía Especial que trabajará en coordinación con la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia de los hechos ocurridos el 26 y 27 de septiembre del 2014.”
A principios del mes anterior, el presidente Andrés Manuel López Obrador reafirmó su compromiso de esclarecer la desaparición de los 43 estudiantes, ofreció protección a quienes den pistas del caso, y la creación de una Fiscalía Especial que trabajará en coordinación con la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia de los hechos ocurridos el 26 y 27 de septiembre del 2014.
Esclarecer Ayotzinapa es tarea de todos, se debe cerrar una herida que supura permanentemente y deberá ser ocasión para reencontrar los valores perdidos, para reencontrar el rumbo extraviado, para mostrar desde los más altos niveles, la escala de valores que a las que debemos seguir y aspirar.


