A seis meses de iniciada la gestión de la doctora Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, se ha incrementado el nivel de exigencia de los capitalinos, así como la inseguridad y el reclamo de diversos sectores. A mediados del mes de junio, sobrevino una crisis por el reporte del aumento de secuestro y asesinato de estudiantes, aunado a los asaltos en el transporte público e inseguridad generalizada. Semanas antes, taxistas se manifestaron en distintos puntos de la ciudad, causando caos, como si le hiciera falta a la ya complicada capital, para exigir la cancelación de servicios de taxi a través de aplicaciones electrónicas. Queda aún más, la crisis inmobiliaria que ha ocasionado pérdidas económicas, hay que recordar que la capital aporta un 18% del total nacional, por supuesto la pérdida de empleos en el sector de la construcción y la crisis en la comercialización de materiales. Por si fuera poco, los altos niveles de contaminación que han encendido la alerta, cuya respuesta más fácil fue culpar a las administraciones pasadas por no tener un plan de contingencia ambiental. En las acciones reaccionarias, que no preventivas ni resolutivas del todo, la jefa de gobierno ha pedido, por ejemplo, a su gabinete de seguridad echarle ganitas; pero la ciudadanía, sobre todo en redes sociales, ha sido muy crítica, pidiendo incluso la renuncia de la funcionaria. Si bien es cierto que puede haber un avance en estos problemas por la inercia del pasado, la contundencia de la administración de Sheinbaum ha brillado por su ausencia, limpiar letreros en el metro se ve bien, pero la crisis que inunda a la capital y a los capitalinos está rebasando a sus gobernantes en todos los niveles. Siendo objetivos, además de que los niveles de inconformidad han subido, ¿no será que las expectativas eran muy altas?


