Sumergidos, por primera vez en la historia de la humanidad, en una pandemia que llega a la civilización más comunicada de todos los tiempos, tanto física como digitalmente, pareciera que la fragilidad humana nos recuerda que somos una especie en peligro y que basta un certero golpe de la naturaleza para reubicarnos en el mundo.
En efecto, hubo avisos previos, aunque nadie está preparado para lo incierto. Ya lo anunciaba Bill Gates hace algunos años al pronosticar la fragilidad de la especie humana frente a un virus peligroso como el actual o algunas películas apocalípticas sobre el tema.
Y nótese que el efecto de la salud va más allá de estar en cuarentena, se hace evidente que el impacto llega directo a todos los niveles de la sociedad, esta sociedad capitalista que para subsistir necesita generar riquezas todos los días, por tanto, tener que parar máquinas, confinar a la gente a sus hogares, dejar de generar ingresos, está poniendo en jaque al tradicional juego del dinero, a las bolsas de valores del mundo y los bolsillos de miles de familias lo están notando.
Siendo sinceros, salvo aquellos hogares norteamericanos que durante la guerra fría construyeron bunkers o cuartos con espacios, servicios y provisiones para sobrevivir a un holocausto nuclear, el mundo no está preparado para ello.
Se ha explicado que eventualmente todos estaremos enfermos de coronavirus Covid-19 en algún momento, el problema radica en que no se tiene la capacidad de atender a todos los enfermos al mismo tiempo en los sistemas de salud estatales.
La saturación de enfermos en España e Italia nos ha mostrado que ante lo rápido de los contagios, no podemos confiarnos. Al mismo tiempo, no se debe frenar la economía y es igual de prioritario mantenerla funcional en la medida de lo posible.
También se ha dicho que aproximadamente 2 de cada 10 personas serán las que necesitarán atención médica completa. La experiencia en otros países ha sido que se debe controlar la velocidad de la transmisión, para poder atender a los enfermos sin saturar los sistemas de salud.
Las directrices de la organización mundial de la salud son claras y marcan por etapas los protocolos a implementar conforme al estado del avance de la enfermedad en cada país, sin embargo, el pánico y la alarma de países que tuvieron antes el problema ha hecho eco en las restantes naciones del mundo.
México sigue estando en la etapa inicial del problema, pero sentimos culpabilidad por no tener medidas más severas como en otros países ante el evidente temor del golpe de la enfermedad en nuestras familias y en nuestra economía.
El reto nunca fue mayor, llega la pandemia justo cuando Rusia pelea con la OPEP por el petróleo, lo cual ha llevado al precio de nuestra famosa mezcla mexicana a su precio más bajo en los ultimos cuatro años, lo que condicionará nuestros ingresos presentes y gastos futuros.
Además, el desplome de Wall Street ha arrastrado a todas las bolsas mundiales a una depreciación inevitable, siendo la mexicana una de las más afectadas, como resultado de lo anterior el peso ha perdido su valor a un nivel como nunca lo tuvo antes; ahora comprar un dólar nos cuesta más.
Sumado a ello, el enrarecido clima político nacional nos brinda ejemplos lamentables de personas tratando de obtener provecho político de todo lo anterior, sin comprender que ahora mas que nunca es tiempo de sumar, de estar unidos, de reinterpretarnos como la sociedad solidaria que siempre hemos sido.
No olvidemos que después de todo, como en casi todos los temas, el cambio y las acciones trascendentes están en manos de los ciudadanos: limpieza por encima de todo, cuidar la salud y procurar tener la mejor posible en estos momentos, practicar la distancia social y no salir del hogar salvo que sea indispensable, y no salir si tenemos posibles síntomas de contagio.
Para lo anterior, no necesitamos tener un policía en casa, ni a un diputado o senador verificando si lo hacemos correctamente, es hora de asumir nuestro poder ciudadano, no sólo para exigir, sino para autolimitarnos y cumplir con las recomendaciones por el bien de todos.
Curiosamente, esta cuarentena ciudadana ha brindado la oportunidad a las personas a realizar autorreflexión, a revalorar nuestro papel en esta vida, a reencontrar puntos de convivencia con quienes viven en el hogar, entre las parejas, de padres con sus hijos y viceversa, con la ventaja de tener grandes fuentes de entretenimiento gracias a internet.
Y si su egoísmo es tan grande que vive pensando que es una víctima del gobierno, que el virus lo lanzaron a propósito para cambiar el mapa de poder en el mundo, etcétera, relájese un momento, y regale una oración o unos buenos deseos por aquellos héroes de verdad, aquellos médicos, enfermeras y personal, encargados de la salud que no encuentran en ninguno de los argumentos más elaborados, pretextos para cumplir con su obligación de intentar salvar las vidas de personas que ni siquiera conocen.
“Vamos para adelante y salgamos adelante, aprendiendo de los errores y mostrando nuestro mejor lado humano, ayudando a los enfermos y cooperando desde el interior del hogar, pero pensando solidariamente, pensando en nosotros y en los demás.”
Ellos no se quedan en casa, ellos viven atendiendo a los enfermos, dobleteando turnos, mal durmiendo, mal comiendo, exponiéndose al virus y sus consecuencias; más adelante daremos la exacta dimensión a su sacrificio.
Vamos para adelante y salgamos adelante, aprendiendo de los errores y mostrando nuestro mejor lado humano, ayudando a los enfermos y cooperando desde el interior del hogar, pero pensando solidariamente, pensando en nosotros y en los demás, algo que tenía tiempo no hacíamos, pero por la pandemia, debemos ser buenos por obligación, o no saldremos


