Tras 15 años de tener guardada la iniciativa, el pasado mes de diciembre, luego de un arduo trabajo legislativo e intensas negociaciones, finalmente ambas Cámaras del Congreso de la Unión aprobaron la Reforma Política que permitirá al Distrito Federal ser un Estado más de la República Mexicana, con autonomía en su régimen interior y en su organización político-administrativa.
Apenas al cierre de los trabajos correspondientes al Primer Periodo Ordinario de la LXIII Legislatura, el proyecto de decreto fue enviado a los congresos de los estados para su aprobación y concretar así la modificación constitucional.
El paso histórico, como lo definió el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, tiene ante sí una serie de grandes retos en todos los ámbitos; uno de ellos será la creación de la Asamblea Constituyente, la cual será responsable de redactar la Constitución de la capital del país, que dejará de ser Distrito Federal para convertirse en el Estado 32, con la denominación de Ciudad de México.
La primera tarea no será fácil, pues este órgano que será integrado por 100 diputados constituyentes, generará muchos jaloneos entre políticos federales y locales ya que, se dividirá en 60 diputados electos por la vía de representación proporcional por par- te de los capitalinos; esto es, los partidos serán quienes designen las fórmulas que participarán, pero podrán incluirse candidatos independientes. Los 40 restantes corresponderán: 14 Senadores, 14 Diputados Federales, 6 nombrados por el Presidente de la República y 6 por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Esta Asamblea Legislativa deberá en- trar en funciones en septiembre del 2016 y deberá crear una Constitución de vanguardia, impulsada por los nuevos tiempos, en un escenario interna- cional que dé fuerza e independencia al nuevo estado y no quede sujeto al vaivén e intereses de los políticos cen- trales, como hasta ahora ha sido.
A pesar de la euforia que la aproba- ción de la reforma causó, hay muchas voces que la critican por tratarse, argumentan, de una reforma política, hecha por políticos, para políticos, que en nada favorecerá a los capitalinos, al no reflejarse en un beneficio directo y tangible en temas delicados como seguridad, salud, educación, finanzas públicas y justicia, entre otros.
Por el contrario, advierten, la proliferación de cargos públicos en las 16 alcaldías que surgirán de las Dele- gaciones, sólo traerán mayor costo económico al erario y corrupción. Es decir, que con cierto tino, ven acercarse una oleada de nuevos funciona- rios municipales, con empleos mejor remunerados y sin controles.
Sin embargo, este cambio era necesario para que México se inserte en las tendencias democráticas contemporáneas y de vanguardia en temas de Derechos Humanos, de apertura económica y de representación política. El Distrito Federal no podía continuar como figura de museo, de ahí que, con este avance seguramen- te vendrán nuevas responsabilidades y la necesidad de que la ciudadanía capitalina se acostumbre a ejercer una mayor contraloría social sobre sus gobernantes. Esperemos que la tan esperada Reforma Política capitalina no, únicamente sirva para incrementar la cifra de nuevos ricos sexenales.


