El mes pasado hubo elección de gobernadores en Puebla y Baja California, dos entidades que habían sido, hasta ese momento, gobernadas por el PAN, además de alcaldías y diputaciones en cuatro estados más. Sin duda la más controversial ha sido la de Puebla. Pero ahora nos centraremos en los comicios y en como el verdadero ganador ha sido el abstencionismo. Después de la abrumadora respuesta del electorado en las elecciones presidenciales de 2018, se hubiera esperado que la respuesta de los votantes fuera similar, sin embargo, las referidas elecciones tuvieron muy baja participación ciudadana con un promedio de 33% de electores en las seis entidades. En Baja California hubo una participación del 29.63%, en tanto que en Puebla se registró el 33.4%, cuando el año pasado salió a votar un 66% del electorado. Quintana Roo renovó su Congreso, hubo apenas un 22% de participación; en Durango, 44.8%; Tamaulipas, 33%; y Aguascalientes 38.9%, informó el INE. El Instituto Electoral de Baja California, por ejemplo, se responsabilizó por no tener la capacidad para motivar a los ciudadanos. El presidente del INE lamentó que los que no fueron a votar dejaran la decisión en manos de otros. El PAN se congratuló porque, a pesar del abstencionismo y de perder dos entidades, se consolidó como un contrapeso del poder. Con todo esto, se manifiesta la incapacidad de motivar a los ciudadanos o en verdad los niveles de confianza en las instituciones y gobiernos está por los suelos, tanto que el electorado no se toma tiempo para validar su derecho democrático al voto, quizá eso es lo que deban reflexionar las instituciones, partidos y gobierno en general.


