Estoy convencido que los abogados vivimos de una sola cosa: la recomendación. Sin duda, el “apalancamiento de la murmuración” es indispensable para que un abogado, sea integrante de un despacho, o bien, preste servicios de manera independiente, pueda crecer desde el punto de vista cuantitativo en lo que a clientes se refiere. Si éste se encuentra satisfecho, recomendará y de eso se trata, de generar una cadena y círculo virtuoso, en tanto que no todos los abogados se valen de la publicidad pagada como en otras industrias –aunque eso esté cambiando gracias a las redes sociales y a internet, entre otros–.
Gracias precisamente a una persona que recomendó al despacho para una asesoría en materia de patentes, tuve una de las juntas de trabajo más espectaculares en mi carrera profesional. Sin duda, hay casos más complejos que otros, más interesantes que otros, más lucrativos que otros, pero cuando se combina la pasión de los clientes y su personalidad –que en este caso es encantadora, al igual que la persona que recomendó-, pues las “juntas” se vuelven un deleite y la discusión del asunto envolvente. El tiempo ni figuraba; sólo las ansias por –literalmente- ayudar y resolver. Dar resultados pues.
Específicamente se consultó lo siguiente: ¿cómo se puede hacer para que una solicitud de patente, no se “muera” a nivel internacional, dado que la institución para la que se trabaja no tiene recursos para invertir en solicitudes “mundiales” o con alcance internacional? Uy. Innegable estremecerse al ver la consternación de 2 investigadoras que no obstante el sacrificio y el esfuerzo que ya de por sí implica su profesión –con todos sus «asegún» en nuestro país– inventaron un producto y sobre todo por tratar de patentarlo.
Las personas en cuestión, necesitan invertir, alrededor de 50 mil dólares americanos para lograr que su solicitud de patente, pueda extenderse a otros países, valiéndose o no de lo dispuesto en el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PTC), sin embargo, la institución educativa a la que pertenecen1 y que dio las facilidades para la invención, tiene un presupuesto que no permite aportar esos recursos. Sin embargo, no ajena a este deseo de que la potencial patente pueda reclamarse y otorgarse no sólo en México, sino en diversas naciones del mundo, ha dado un consentimiento verbal para que las investigadoras-inventoras salgan en busca de capital privado –sea personal o de terceros–, para que su invento siga considerándose nuevo2 en otras latitudes, máxime que la fe y el potencial que le tienen a dicho invento es importante y digno de tal inversión.
Emergen preguntas claves pero a la vez difíciles de contestar pero que requieren de respuesta: ¿qué empresa o particular, podrían invertir de forma inmediata en los derechos al gobierno y/u honorarios que se requieren para que la solicitud de “convierta en internacional” si las investigadoras-inventoras no son dueñas ni propietarias de la solicitud de patente y eventualmente de ésta cuando se conceda? ¿La institución de educación superior cederá los derechos que se derivan de la solicitud de marras máxime que gracias a las facilidades económicas y de diversa índole le pertenecen a ella? ¿Y si en el futuro no se concede la patente? ¿Si en el futuro, se patenta pero no se comercializa el invento? ¿Cuánto vale el invento?
Ante ello, ¿qué deben hacer?: ¿cejar en su intento de “levantar capital”? ¿Acudir a servicios como Kickstarter? Sin duda, la respuesta es difícil pero retrata una realidad que seguramente muchas personas con el carácter de investigadores enfrentan y que desde mi punto de vista, es relegada y poco difundida pero que es de fundamental importancia para el desarrollo económico y científico en México y debiera ser un asunto primordial para las mismas instituciones educativas, sean públicas o privadas.
Algunos datos importantes que retratan el tema de las patentes por instituciones educativas:
- Se presentaron ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) mil 244 solicitudes de patente por mexicanos de un total de 16, mil 135, es decir, apenas 7.7% del total de solicitudes.
- Sólo se presentaron 50 solicitudes de patente con base en el PCT señalando como país de origen a México. Inventores ubicados en el Distrito Federal (DF) son los que más presentan ante el IMPI.
- De los titulares mexicanos de patentes sin duda destacan las Instituciones de Educación Superior: El Instituto Tecnológico de Estudios Superiores (ITESM) con 20; la UNAM con 18, IPN con 14.
¿Y las demás? ¿Sólo ese número ante el cúmulo de inventos que se gestan en las universidades? Mientras tanto, ¿qué pueden hacer los inventores para globalizar su solicitud de patente y destacar en el extranjero? Ahí el gran dilema.



