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conocimiento
En la opinión

El Papel de la Ignorancia en la Sociedad del Conocimiento

por Foro Jurídico
7, abril, 2015
1876
0
6 minutos de lectura

Mtro. Jorge A. Alfaro Villamil

“Toda verdad atraviesa por 3 etapas: primero, es ridiculizada; segundo, recibe violenta oposición; tercero es aceptada como algo evidente”.

Arthur Schopenhauer,
El mundo como voluntad y representación.

Mucha gente está dispuesta a aceptar que secuestradores y violadores deberían recibir pena de muerte, o al menos cadena perpetua; detrás de su deseo está la necesidad de vengar una afrenta grave contra la sociedad. En el fondo también está la idea de que una mayor severidad inhibe la comisión del delito. Quienes tienen estudios en ciencia jurídica o sociología saben que esto no es necesariamente cierto o por lo menos es polémico. También saben que la prevención es multifactorial y no depende únicamente de la severidad de la pena. Sin embargo, basar una campaña política en una propuesta de castigos más severos resulta efectivo porque apela al sentimiento de la gente y deja de lado el conocimiento. Si agregamos que la efectividad de una campaña política tiende a empoderar a un grupo que al gobernar adoptará política públicas acordes a sus propuestas, podemos esperar medidas basadas en el sentimiento y la ignorancia más en que en la ciencia social.

La revisión de los problemas en torno a qué es el conocimiento y cómo podemos otorgarle más validez pudiera estar relegada al ámbito de la academia. Sin embargo como integrantes de una sociedad en la que se pretende que el acceso a la información reestructure las relaciones sociales, económicas y políticas con el fin de hacerla más democrática y equilibrada, el asunto tiene, o así debería ser, fuerte relevancia para académicos y quienes no lo son. En primer lugar, nos enfrentamos la responsabilidad de decidir qué del abundante cúmulo de información disponible es válido para nosotros. Válido en el sentido de que los convertimos en criterio para establecer nuestras escalas de valores y tomar decisiones. Por ejemplo, si una persona duda de la existencia de los microbios y su relación con las enfermedades, es muy probable que no le otorgue importancia a los hábitos de higiene y considere adecuado atender sus padecimientos con magia (“limpias”) en lugar de antibióticos.

A la fecha no es extraño encontrar gente que no vacuna a sus hijos, las causas van desde ignorancia o falta de acceso, hasta posturas informadas, pero en contra por considerar que causan autismo, son invenciones de los laboratorios trasnacionales para ganar dinero, causas religiosas y otras más. Al respecto, el químico David Litt público un artículo en la Berkeley Science Review (http://berkeleysciencereview. com/want-people-get-vaccines-listen/ consultado el 18/marzo/2015). Él señala que 68% de la población de Estados Unidos considera que las vacunas a los niños deben ser obligatorias, pero ¿qué pasa con el otro 32% de la población que no lo ve así? ¿Deberían ser obligados por el gobierno? La enseñanza de situaciones como la descrita, es que en la sociedad del conocimiento la ignorancia aún es un lastre que facilita la manipulación de la gente, pero la gran cantidad de información y  la ausencia de criterios para filtrarla y decidir qué es creíble por estar científicamente fundado, también facilita la manipulación de la opinión pública.

En la sociedad del conocimiento
plantearse la necesidad de ser
crítico es una necesidad y una
responsabilidad.

En El mundo y sus demonios, el astrofísico americano Carl Sagan comenta una anécdota que pone de manifiesto lo distantes que pueden ser el mundo del conocimiento científico y el conocimiento en general para el hombre medio, en este caso de Estados Unidos, pero bien podría ser el de cualquier parte del mundo. En resumen, Sagan narra que una vez un chofer expresó su agrado de llevarlo a bordo de su vehículo ya que tenía muchas preguntas sobre ciencia que hacerle. El conductor comenzó a proponer una serie de temas como los extraterrestres congelados en una base militar, las profecías de Nostradamus, astrología y otros por el estilo, a los que una y otra vez el científico respondía que las pruebas eran insostenibles. El automovilista se volvió taciturno y el científico se sintió incomodo al darse cuenta que al responder “no sólo descartaba una doctrina falsa, sino que eliminaba una faceta preciosa de su vida interior”. Sin embargo, el hombre era una persona inteligente, que sabía hablar, se mostraba curioso y seguramente había dedicado muchas horas de su vida a leer y entender sobre asuntos del universo, el mundo y la vida, pero no diferenciaba entre ciencia, pseudociencia, mitos, creencias y demás construcciones mentales.

Luego de reflexionar sobre los problemas morales, temores, reservas, pero también ventajas y aportaciones de la ciencia y la tecnología al mundo moderno, Sagan concluye: “Nos guste o no, estamos atados a la ciencia. Lo mejor sería sacarle el máximo provecho. Cuando finalmente lo aceptemos y reconozcamos plenamente su belleza y poder, nos encontraremos con que, tanto en asuntos espirituales como prácticos salimos ganando… Pero la superstición y la pseudociencia no dejan de interponerse en el camino…”. He ahí la relevancia que debe tener para la gente de la sociedad del conocimiento distinguir lo que es conocimiento en general, ya sea empírico o por dominio público, el conocimiento científico y entender su relación con las propias creencias e ideologías.

Saber y creer se parecen, van de la mano, pero si trazamos una frontera basada en el saber fundado en el conocimiento científico y la creencia basada en la fe, hay una distinción que a lo largo de la historia ha causado polémicas, juicios y ejecuciones. En la sociedad del conocimiento todos somos críticos, pero ser crítico no es sinónimo de que nuestras ideas y convicciones tengan fundamento científico. Las bases del conocimiento científico están en los criterios objetividad y veracidad brindadas por una estructura metodológica y una coherencia lógica. Y aunque tampoco están exentos de polémica, son la base más sólida para asumir una postura crítica que permita filtrar información, distinguir lo científico de lo pseudocientífico, el conocimiento de la creencia y la ideología, por más respetables que sean. En la sociedad del conocimiento plantearse la necesidad de ser crítico es una necesidad y una responsabilidad.

Una vez más la educación se convierte en el factor principal ante el dilema de una sociedad informada pero ignorante y una sociedad informada y conocedora, capaz de formular una postura crítica ante problemas como la pena de muerte, las vacunas, los impuestos, el narcotráfico, la violencia y demás problemas que, en una sociedad democrática, demandan su participación. No todos tendríamos que ser científicos sociales, pero en tanto que estamos inmersos en los problemas de la sociedad, sí deberíamos tener elementos para fundar nuestras opiniones en la ciencia social, saber distinguir los productos de ésta, de la opinión pública y la mercadotecnia política.

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Temas:
  • cadena perpetua
  • pena de muerte

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