Lic. Saskia Niño de Rivera Cover
México es un país que alberga y forma niños y niñas criminales. Las cifras nos dicen que cada vez existen más sicarios, secuestradores y ladrones menores de edad. La historia de un adolescente en conflicto con la ley desde que nace está prácticamente predestinada. Su olvido por parte de las políticas públicas de nuestro país, ha generado un semillero de delincuentes profesionales que hoy ponen en riesgo la seguridad de México.
Ante tal escenario, en 2005 se aprobó una reforma constitucional para crear un sistema integral de justicia cuyo principal objetivo es reconocer los derechos y obligaciones de los adolescentes en conflicto con la ley, crear un sistema penal especializado en la materia, limitar el internamiento para responsables de delitos graves a mayores de 14 años enfatizando su reinserción social como finalidad del nuevo sistema de justicia. Este fue un gran paso para México pero, 9 años después, resulta insuficiente.
Las cifras son fuertes: actualmente hay un total de 11 mil 559 menores en conflicto con la ley por diversos delitos.
Únicamente quienes son acusados o procesados por un delito grave son sancionados con medidas de internamiento y cumplen distintas penas dependiendo de la entidad y del delito, que van de los 5 a los 15 años. Hay 4 mil 959 adolescentes en conflicto con la ley cumpliendo sentencia en las 60 comunidades que tiene nuestro país. Son 4 los estados con mayor población ya que albergan a casi el 50% de jóvenes infractores: Sonora con 604, el Distrito Federal con 559, Jalisco con 502 y Aguascalientes con 421.
“Odia el delito y compadece al delincuente” dijo, desde hace más de un siglo, la feminista española Concepción Arenal. Una frase que hoy, más que nunca, debemos poner en práctica. Sí, difícil de procesar para los que hemos sufrido algún delito pero necesaria para terminar con la delincuencia.
El olvido de los adolescentes
en conflicto con la ley por
parte de las políticas públicas
ha generado un semillero de
delincuentes profesionales
que hoy ponen en riesgo la
seguridad de México.
Hace unas semanas mientras platicaba con “E”, un adolescente en proceso de reinserción, me compartió un poco de su historia.
“…mi papá, siempre estaba drogándose. Me contaba sus historias y yo pensaba que eso era lo chido, me las platicaba tan fácil, que a mí también se me hacía fácil hacer las cosas; después me las enseñaba y reproducía la historia para que yo aprendiera cómo se hacían, por ejemplo: a la edad de 7 años nos metíamos a los súper mercados a robar dulces, juguetes, chicles, Lengu?itas de Gato… Bueno, eso como niños, ya que mi papá sí sacaba cosas de valor, pues uno como niño no tiene esa malicia; también nos enseñaba a hacer llaves especiales para abrir carros -las famosas chorlas-, también a abrir candados, chapas, cómo colgar a la gente (distraerlos) para poderlos robar, cómo robar a la gente con pura psicología. Nos contaba cómo robaba los negocios, los camiones de carga, cómo picaba a la gente. Nos decía que siempre traía un desarmador, que agarraba toda una cuadra y abría todos los carros y se robaba los estéreos, la herramienta… Nos presentaba a sus amigos y uno de ellos que era nuestro padrino, era un policía muy corrupto, sus amigos traficaban droga… Nos presentó a sus amigos que eran los que traían los kilos de mariguana y que tenían sus plantíos y también la procesaban y mi papá por conectarle a la gente le regalaban kilos de droga y dinero y descuentos para que él comprara y traficara; luego, cuando no estaba mi papá, llegaban a chiflarle y como no estaba, yo salía a venderles”. (sic.).
Los jóvenes sin oportunidades,
al salir de las Comunidades
de Tratamiento, encontrarán
refugio dentro de las bandas
delictivas a las cuales
pertenecían previamente.
Es a partir de este momento que el destino de “E” estaba predestinado. No tuvo otra opción. Al llegar a la secundaria abandonó la escuela y empezó a consumir drogas. Entre fiestas, robos y la fascinación por las armas, creció. A los 12 años ya pertenecía al crimen organizado y los detalles de esta parte de su historia salen sobrando.
¿Alguna vez te has cuestionado qué pasa con los adolescentes en conflicto con la ley que cumplen su medida de seguridad? ¿Tenemos la empatía suficiente para ver qué hay detrás de un niño o niña que transgrede la ley? ¿Sabes si existe el seguimiento necesario para que estos jóvenes puedan seguir con un proceso de reinserción positivo? ¿El programa de internamiento de los adolescentes en conflicto con la ley, ayuda a la reinserción de las y los jóvenes?
Al ingresar a las Comunidades de Tratamiento, los adolescentes reciben oportunidades para terminar sus estudios, alejarse de un ambiente criminógeno, dejar las drogas y darle un nuevo rumbo a su vida. En estos espacios hay diversos talleres que les permiten formarse en un oficio profesional, se les brinda apoyo psicológico y actividades deportivas.
Desde esta perspectiva se pretende que la medida de seguridad impuesta sirva para brindarle una segunda oportunidad ya que todos, absolutamente todos, van a salir eventualmente.
El obstáculo más grande que tienen estos jóvenes llega cuando cumplen su medida de seguridad de internamiento y es momento de regresar al ambiente que los llevó a delinquir. La Dra. Azaola presentó en el 2014 un estudio con cifras alarmantes. La mitad de ellos, en nuestro país, abandonan sus casas por temas de violencia y abuso sexual. Casi el 40% fue víctima de algún tipo de abuso (sexual, psicológico o físico) y no tuvieron el apoyo de alguien tras los hechos. El 82% dejaron la escuela en primaria o en secundaria y el 94% han tenido que trabajar entre los 12 y los 14 años. Casi el 70% lo hizo por ayudar ante las carencias básicas de su casa o de su misma persona.
Tenemos por ejemplo el caso de “N”, quien fue detenido a los 15 años de edad por los delitos de homicidio, intento de homicidio y pandillerismo. Tuvo una sentencia de 4 años y 7 meses de reclusión. Vivió la comunidad como todos. Al principio con resistencia y depresión, después se adaptó y lo vio como una oportunidad de vida. Al haber cumplido su pena, salió a enfrentarse al mundo sin muchas oportunidades de conseguir un trabajo digno y sin apoyo de a quién acudir. Al conocer a “E” en la Fundación Reinserta un Mexicano, lo invitamos a colaborar con nosotros en un proyecto de prevención del delito en las zonas con alto índice delictivo. “Dejar de ser parte del problema y ser parte de la solución”, es su nuevo lema. Trabaja en esta asociación sin fines de lucro junto con otros adolescentes que comparten historias parecidas a las de él. En diciembre pasado se graduó de una escuela privada de prestigio con 9.8 de promedio y actualmente busca la beca para entrar a estudiar la licenciatura.
El fracaso de nuestros
adolescentes es el fracaso
de todos como mexicanos.
“M” es un adolescente que cumplió una sentencia de 5 años por el delito de secuestro agravado (la máxima en ese momento en el DF). Fue detenido junto a su mamá y su papá quienes operaban la banda de secuestradores. Por ser adultos, a los padres se les dio una pena de 60 y 110 años, respectivamente. Al platicar con él, a 2 semanas de salir de la Comunidad de Tratamiento para Adolescentes San Fernando, conversábamos sobre las opciones que tenía una vez que recobrara su libertad. No tenía ya a nadie, ni a dónde vivir, ni dinero para comer, ni una red de apoyo para continuar con su proceso de reinserción.
La angustia era notoria en sus ojos y la ansiedad por lo que pronto iba a suceder se veía en sus uñas. “Yo tengo un amigo que salió que puede ayudarme a ver dónde vivir. Él y yo quedamos en eso cuando se fue hace un año”, dijo. Durante 2 semanas estuvimos trabajando con “M” para encontrar herramientas necesarias para que al salir, pudiera llevar una vida libre de la delincuencia. Su papá nos ganó, le “solucionó” la vida en 2 segundos. Se iría con el compadre, alias “Tuercas”, y le ayudarían a llevar los secuestros que gestionaba desde adentro de prisión. A “M” lo perdimos. Hoy seguramente está en alguna banda de secuestradores que abundan en nuestro país o en algún reclusorio con una sentencia mucho más grande que la primera. Su destino estaba predispuesto y pocas fueron las herramientas que tuvimos para que no regresara a delinquir.
El 75% de los adolescentes
en conflicto con la ley en
México, tienen algún pariente
cercano en reclusión.
El 75% tienen algún pariente cercano en reclusión. Muchos de ellos nacen en familias que se dedican a delinquir o lo hacen por carencias significativas dentro de su núcleo de apoyo. La cárcel no es algo a lo que le teman si no que, muchas veces, es una opción viable y segura para su futuro debido a la falta de oportunidades que hay afuera. De acuerdo con un estudio realizado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) uno de los principales retos que enfrenta México en la materia, es crear oportunidades reales de trabajo y proyectos de vida que aseguren su inclusión a la sociedad. La legislación mexicana no contempla la implementación de algún sistema de seguimiento; de ahí que se ven obligados a enfrentar su libertad en contextos violentos, abusivos y criminógenos que dificultan su reincorporación a la sociedad.
La falta de atención y regulación generan un gran problema: la reincidencia de estos adolescentes en actividades ilegales. Durante los últimos años las políticas públicas nacionales se enfocaron en aumentar las oportunidades y formación de la juventud mexicana. “Son los jóvenes el futuro de México”, afirman los gobernantes. Sin embargo, nadie se ha detenido en pensar qué se les está ofreciendo. Es responsabilidad de todos crear nuevas oportunidades, participar en su reinserción y alejarlos del entorno que los llevó a delinquir por primera vez.
Actualmente hay un total de
11 mil 559 menores en conflicto
con la ley por diversos delitos.
El fracaso de nuestros adolescentes es el fracaso de todos como mexicanos. Ser un país que permite que niños y niñas que tienen 9 años estén metidos en drogas, sean parte del crimen organizado, y/o sufran abusos terribles a manos, incluso, de sus propios familiares es un tema al que debemos voltear a ver con urgencia. Debemos buscarles oportunidades y evitar su reinserción. Generar oportunidades no sólo es de suma importancia sino un eje crucial para la seguridad de nuestro país. Los jóvenes sin oportunidades, al salir de las Comunidades de Tratamiento, encontrarán refugio dentro de las bandas delictivas a las cuales pertenecían previamente.
Por lo anterior, en la Fundación Reinserta un Mexicano buscamos fomentar y propiciar la reinserción de estos adolescentes de una forma integral para reincorporarlos a la sociedad de manera exitosa. Este propósito es uno de nuestros proyectos clave. En Reinserta se vuelven agentes de cambio y buscan ayudar a los adolescentes y jóvenes que empiezan a cometer conductas antisociales dentro de las escuelas en zonas de alto índice delictivo de México. Por medio de talleres de sexualidad, adicciones, prevención del delito, y embarazo en la adolescencia, trabajan para combatir la cultura del narco que día a día va permeando en nuestra sociedad.


