A inicios de agosto y cuando todos pensábamos que el ciclo escolar 2020-2121 se estancaría, el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, presentó el calendario escolar para demostrar que a la educación en México no la detiene ni la pandemia, y en eso tiene razón, la educación no la detienen las enfermedades, la detiene la brecha socioeconómica y la pandemia lo único que hizo fue reconfirmar esa premisa, de hecho la acrecentó más. Las clases serán por televisión y el control escolar lo llevarán en Google Classroom, entregó los libros oficiales, presentó los horarios de transmisión. El lunes 24 de agosto que dio inició formalmente el ciclo escolar se hizo una ceremonia simbólica en la conferencia matutina del Ejecutivo Federal. El reto no fue la planeación, aunque su mérito tiene. La cuestión es que en un país donde el 47.7% de la población es usuaria de internet y 43.6% de hogares no tiene internet con conexión fija, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2019. Las comunidades más alejadas sumidas en la pobreza y violencia, como en la sierra de Guerrero, sólo por mencionar una, en la que difícilmente las casas cuentan con todos los servicios, o en la que los niños recorren kilómetros para asistir a la escuela, ahora recorrerán kilómetros para encontrar una computadora o televisión que les permita ir al día con sus deberes escolares, si es que sus padres tienen dinero para pagar la renta de una computadora con internet. También están aquellas familias que sobreviven con un salario mínimo que ahora deben pensar en equipos tecnológicos. Una vez más, los más vulnerables son excluidos de este derecho fundamental, en un gobierno que repite que la educación es la salvación de las futuras generaciones y del propio país. Si la intención es lo que cuenta, definitivamente nunca ha sido ni será suficiente.


