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En la opinión

Identidad Digital: El Reto Pendiente (parte 2)

por Jonathan G. Garzón Galván
2, julio, 2020
954
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9 minutos de lectura

Podemos entender la Identidad Digital como el conjunto de rasgos característicos que permiten diferenciarnos unos de otros. Dichos rasgos viven, se procesan y se utilizan a través de la red de Internet. Por su parte, BBVA Research[1] define la identidad digital como “el conjunto de atributos que vinculan una entidad personal con sus interacciones online”.

 Por tanto, es posible señalar que ya no estamos frente a simples fragmentos de información contenidos en repositorios específicos, la realidad es que nuestra información se crea, mueve, almacena y evoluciona en una compleja red de servidores que constituyen la red de Internet, construyendo un perfil o historial de nuestra vida digital y en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes de su integración y alcance.

 Los ecosistemas tradicionales de identidad sirvieron de buena forma durante muchos años y fueron reforzados por mecanismos como los usuarios y contraseñas, por su sencillez. Sin embargo, un mundo digital donde nuestra información y preferencias están ya fuera de nuestro control, donde fotografías, escaneos o copias digitales de nuestras identificaciones han viajado y han sido resguardados por nosotros o por terceros, y donde requerimos de la creación y la administración de secretos y contraseñas para cada aplicación o proveedor, hace que los métodos de factores de conocimiento (algo que sé) o posesión (algo que tengo), juntos o en lo individual, no sean suficientemente certeros y/o útiles.

Un buen ecosistema de validación de identidad digital permitiría a las aplicaciones y procesos tecnológicos realizar actividades con mayor precisión de la identidad de las personas, disminuyendo riesgos sobre métodos tradicionales de la identidad. En el siguiente cuadro se pueden comparar las ventajas de los métodos tradicionales y los digitales:

 

identidad digital


“
Un buen ecosistema de validación de identidad digital permitiría a las aplicaciones y procesos tecnológicos realizar actividades con mayor precisión de la identidad de las personas, disminuyendo riesgos sobre métodos tradicionales de la identidad.”

 

Los procesos de validación de identidad son un punto crítico para los innovadores del sector tecnológico, quienes están tratando de ofrecer ofertas digitales puras, pero a falta de procesos digitales de validación de identidad confiables, se ven obligados a mantener canales físicos, solo para esos efectos. Una de las principales tendencias en los modelos de identificación son los patrones biométricos.

 

Datos Biométricos e Identidad

 

Uno de los métodos de identificación y posterior autenticación que actualmente se está utilizando es la validación biométrica, tanto por la fuerte relación que tiene con la unicidad de las personas, como por lo sencillo que puede llegar a ser en cuanto a la experiencia de validación.

El uso de la biometría ofrece precisión en la relación dato biométrico-titular del dato. A diferencia de los medios tradicionales de autenticación o identificación, los datos biométricos no se pueden olvidar e intercambiar y su falsificación resulta de un alto grado de complejidad, aunque cabe decirlo: no son invulnerables y pueden generar altos riesgos en casos de uso abusivo, por ejemplo, la videovigilancia dirigida por reconocimiento facial.

Actualmente podemos considerar en nuestras actividades cotidianas sistemas de autenticación que recurren a métodos como lectura y reconocimiento de huellas dactilares, rasgos faciales, de nuestros ojos (iris / retina) de voz, entre otras.

La biometría es un ejemplo de la estrategia de biologización de la información mediante la cual el control y la gestión de la identidad y la ciudadanía se llevan a cabo a través de rasgos de nuestros cuerpos.[2] En sentido literal, el término biometría según la RAE significa “el estudio de medidas o estadísticas respecto de fenómenos o procesos biológicos”. Por su parte, el INAI, haciendo referencia al artículo 4, inciso 14 del Reglamento 2016/679 del Parlamento Europeo de 2016, define los datos biométricos como: “las propiedades físicas, fisiológicas, de comportamiento o rasgos de la personalidad, atribuibles a una sola persona y que son medibles”.[3]

Tomando en consideración esta última definición podemos dividir las técnicas biométricas en dos categorías: a) aquellas que miden rasgos físicos o fisiológicos, b) las que miden rasgos de comportamiento o de la personalidad. Entre las primeras se encontraría todo patrón fisiológico que forma parte del cuerpo humano que de forma separada o conjunta pueda ser medido, por ejemplo: forma de la cara, manos, venas y/o minucias.

En la segunda categoría podemos encontrar desde nuestro patrón de voz, ritmo cardiaco, la cadencia de nuestro caminar y nuestros movimientos en general y reacciones en determinadas circunstancias.  Ejemplos que valen la pena destacar son las dinámicas al usar nuestro móvil o una pluma al escribir, momentos en que se pueden medir la presión, inclinación, velocidad, etcétera.

Los procesos de identificación o autenticación biométrica generalmente requieren de la obtención inicial de estos rasgos únicos para convertirlos en un registro informático (también conocido como plantilla o template) específico para la persona, que pueda ser comparado con otros registros del mismo tipo, y así generar confiabilidad de que una persona es quien dice ser.

Como se mencionó previamente, México no cuenta con un servicio electrónico abierto, ágil, sencillo y seguro para que cualquier empresa o entidad gubernamental pueda validar no solo que ciertos datos de las personas concuerdan con sus registros o bases, sino la posibilidad de adicionar otro tipo de datos a este proceso, como los biométricos, para crear un proceso confiable de identificación.

Esto no quiere decir que no haya bases de datos biométricos en México. Existen experiencias y esfuerzos aislados (no interoperables hasta el momento) como las del Servicio de Administración Tributaria (SAT), la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), el Instituto Nacional Electoral (INE) e incluso la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), donde se almacenan algunos datos biométricos de las personas para identificar y posteriormente autenticar a las personas en sus propios procesos.

Sin embargo, estos registros no pueden ser consultados por cualquier tercero en sus procesos de identidad. Existen servicios abiertos para validar datos como el CURP o los registrados ante el INE, sin embargo, únicamente son datos textuales que están plasmados en un documento, no son servicios de validación biométrica.

En agosto 2017, con el objetivo de mitigar el creciente robo de identidad en el sector bancario, se realizaron diversas modificaciones a las Disposiciones de Carácter General aplicables a las Instituciones de Crédito mejor conocidas como la Circular Única de Bancos (CUB), donde dentro del proceso de validación de identidad, los bancos deberán validar de forma obligatoria tanto los datos, como huellas dactilares de sus clientes ante los registros del INE. Adicionalmente, y de forma opcional, les permite que, para futuras autenticaciones, cada banco en lo particular o de forma gremial, genere una base de datos biométrica de sus clientes con diversos requisitos.

Con esto los bancos pasarán de un proceso de identificación de clientes burocrático, costoso y no tan fiable (armar expedientes físicos y revisar que los documentos presentados no sean apócrifos) a un flujo ágil, seguro y de mejor experiencia al cliente.

 

Conclusiones

 

Contar con un ecosistema de identidad, así como proteger nuestra identidad, es altamente relevante. No contar con un sistema confiable impide a las personas acceder a programas o servicios gubernamentales y al sector económico formal. No cabe duda de que la tendencia tecnológica requiere del desarrollo de una nueva generación de sistemas de identidad digital para la innovación continua y la entrega de servicios que cubran las expectativas de los usuarios en su vida digital.

Nuestra continua interacción en la red de internet genera y distribuye muchos rasgos de nuestra identidad, por lo que el propio concepto de identidad está evolucionando más allá de lo que logramos comprender, controlar y valuar. Mucha de esta información se vuelve un misterio para las personas, así como un activo muerto y poco claro para sacarle valor.

 

“Encontrar un equilibrio entre la agilidad y usabilidad de estos nuevos métodos de identificación o autenticación versus su confiabilidad, seguridad y buen uso, es uno de los principales retos para los próximos años.”

 

Nuevos métodos, como los factores biométricos, están siendo ampliamente reconocidos e implementados tanto en México como en el mundo. Asimismo, los marcos regulatorios están adecuándose para hacer frente al incremento del robo de identidad, sin que sean aún suficientes para disminuir este efecto.

Finalmente cabe concluir que, pese a que los consumidores valoran positivamente poder acceder a nuevos servicios utilizando sus identidades digitales, se mantienen en la mente de casi todos los potenciales riesgos en materia de seguridad y privacidad, por lo que encontrar un equilibrio entre la agilidad y usabilidad de estos nuevos métodos de identificación o autenticación versus su confiabilidad, seguridad y buen uso, es uno de los principales retos para los próximos años. El debate y los esfuerzos apenas van comenzando.

 

 

 

 

[1] Ana I. Segovia Domingo y Álvaro Martín Enríquez. Working Paper. Digital Identity: The Current States of Affairs. BBVA Research.  Disponible en: https://www.bbvaresearch.com/wp-content/uploads/2018/02/Digital-Identity_the-current-state-of-affairs.pdf

[2] Theory, Culture & Society. “The Biopolitics of Biometrics: An interview with Btihaj Ajana”. Disponible en: https://www.theoryculturesociety.org/the-biopolitics-of-biometrics-an-interview-with-btihaj-ajana/

[3] INAI. Guía para el tratamiento de datos biométricos. INAI. Disponible en: http://inicio.ifai.org.mx/DocumentosdeInteres/GuiaDatosBiometricos_Web_Links.pdf

Temas:
  • Autenticación
  • Identidad
  • identidad digital
  • protección de datos

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