Rodolfo Usigli y Arnaldo Córdova escribieron dos textos hermanos sobre nuestra Revolución, uno en teatro y otro desde las ideas políticas en un contexto histórico. Ambos reflejaron, me parece, no solo lo que fue ese movimiento sino sobre todo lo que no pudo ser.
La Historia Nacional, así con mayúsculas, está hecha de pequeños gestos trascendentes y de grandes gestas de efectos dudosos. Pero construye en el imaginario colectivo una base común de la mexicanidad.
Lo mexicano no existe sino como narración del pasado que se proyecta en el futuro no para repetirse, sino para redimirse.
Usigli en “El gesticulador” y Córdova en “La ideología de la revolución mexicana” presentan el cuadro de los ideales que chocan con la realidad. O tal vez, de los principios que se suponían y los hechos duros que obligaron a las concesiones, a los acuerdos.
La realidad que alejó a quienes decidieron permanecer inflexibles en sus ideales.
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Hay ciertas maneras, algunos mecanismos en los que el poder funciona, que no se reflejan necesariamente en las leyes sino en la mecánica social. Un intercambio social del que se esperan ganancias legítimas para quienes participan en él, no en un sentido de corrupción o de coacción necesariamente, sino como una forma de construir el poder político desde la realidad. Me parece que esto se cuela en los dos textos de ambos escritores.
Al leerlos es posible preguntarse si los personajes de esa Historia merecen que escribamos sus nombres también en mayúsculas; pero tal vez podemos hacer una lectura al revés, y preguntarnos si los hechos de la historia (sus condicionantes, el contexto, los atavismos) en realidad fueron tan pesados que lo logrado por esos Personajes en realidad fue más de lo esperable.
Vale la pena seguir leyendo esos recuentos críticos de la Revolución. Leer “Los de abajo”, las memorias de Vasconcelos (ese fuego que se consumió a si mismo), encontrar en “Los recuerdos del porvenir” las claves posibles de una lectura femenina de la revolución. No es una antigualla, no es un conjunto de fechas, sigue formando buena parte de nuestro México colectivo, ese país que no existe en la geografía sino en nuestras mentes, y que por eso es más real.


