Si hay algo que ha sido muy polémico en México ha sido la falta de pruebas de Covid-19 que permitan identificar y aislar de manera pronta a los contagiados, sobre todo porque se sabe que hay personas asintomáticas. Bueno, pues a inicios de abril, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, proponía realizar cientos de pruebas rápidas para detectar casos, incluso dijo que la agencia estadounidense FDA ya había autorizado al menos cuatro de éstas que identificaban los anticuerpos o el material genético del virus. Sin embargo, Hugo López- Gatell, subsecretario de promoción de la Salud, expresó que, para él, las pruebas rápidas no eran tan útiles y se podían presentar “peligrosos” falsos positivos, además de que desconocía que la FDA hubiera autorizado alguna. Cuando el Subsecretario mencionó esta postura en uno de sus informes diarios, el gobernador lo tomó muy personal y salió en un video a defender su postura y mostrar pruebas, acusó a López-Gatell de mentiroso y de tratar de desacreditar la idea del gobernador. En el mismo video pidió al gobierno de México que Cofepris diera los permisos necesarios para aplicar la prueba. Quizá con un poco de desesperación, Alfaro pidió otras opciones al Subsecretario ya que las pruebas de anticuerpos no eran efectivas: “Díganos cómo, díganos qué”, para evitar más contagios. En respuesta, el Subsecretario se limitó a contestar que las pruebas se hacen conforme aparecen casos sospechosos. Si las pruebas rápidas son o no una buena opción, si se evita gastar en ellas o no, lo cierto es que la percepción general es que el gobierno mexicano ha actuado reaccionariamente cuando tuvo oportunidad de planificar un poco más que otras naciones a las que no les ha ido muy bien.


