El plazo para elegir al sustituto de Raúl Pérez González como ombudsperson había vencido y en una polémica y cuestionada tercera votación, el Senado eligió a Rosario Piedra Ibarra como nueva presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Los senadores del PAN acusaron a Morena de imponer a la candidata de AMLO y debilitar la institución. El revuelo fue tal que el día de la toma de protesta, 7 de los candidatos, ninguno de la terna final, informaron que interpondrían un amparo para impugnar la decisión del Senado porque esta tercera votación restaba certeza jurídica al proceso. La bancada del PAN presentó una denuncia ante la FGR por espionaje en el proceso. La presidenta de la Mesa Directiva, Mónica Fernández aseguro que la elección fue legal, negándose a reponer el proceso, por lo que entre empujones y gritos Rosario Piedra rindió protesta como nueva titular de la CNDH. La controversia no quedó en los desencuentros legislativos, ya que vinieron renuncias de cinco consejeros de la CNDH y declaraciones de gobernadores y alcaldes panistas que se niegan a acatar las eventuales recomendaciones de la CNDH, desconociendo la designación de su nueva titular, a lo que el senador morenista, Ricardo Monreal, amenazó de que serán acusados de juicio político y la senadora panista, Kenia López Rabadán, será removida de la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos. La cuestión es querer dar legitimidad a las decisiones, pero a modo. Tal parece que este conflicto probablemente desemboque en lo que pueda ser “la crónica de una muerte anunciada”.


