Entrevista con Jaime Alberto Limón
Jaime Limón es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma Metropolitana y Maestro en Derecho Administrativo y Fiscal por la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados. Profesor de las cátedras de Derecho Informático, Propiedad Industrial, Propiedad Intelectual, Derechos de Autor, Teoría General del Proceso, Filosofía del Derecho y Metodología Jurídica. Asimismo, ha impartido los diplomados y seminarios de Contratos en el Mundo del Software, Valoración de la Prueba Electrónica, Juicios Contenciosos en Línea, el ABC del Derecho de Autor, Propiedad Intelectual en el Ámbito Digital y Propiedad Intelectual en el Marco del TPP. Como catedrático y conferencista ha tenido el honor de participar en diversas instituciones educativas como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Tec Milenio, la Universidad Tecnológica de México, la Universidad del Externado de Bogotá y la Universidad de la Amazonia; además de diversos espacios digitales.
Es especialista en propiedad intelectual del ciberespacio; coordinador de la columna “Foro de Propiedad Intelectual” y miembro del Comité Editorial de la revista Foro Jurídico; coordinador del Diplomado en Propiedad intelectual en el ámbito Digital para la Universidad Ius Semper. Es miembro de la Barra Nacional de Abogados, de la Barra Interamericana de Abogados, del Capítulo México de Internet Society y la alianza Código Abogado Digital. También se desempeña como Presidente fundador del Instituto Nacional de Ciberseguridad MX (Incibe MX). Autor de diversas publicaciones en México, Colombia y Argentina, de la obra Abogado Digital y coordinador de la Antología Iberoamericana de Propiedad Intelectual (Tirant Lo Blanch y Universidad Ius Semper, 2019).
Experto en protección de derechos de autor en el ámbito material y digital. Protector de los derechos morales y patrimoniales de los autores, así como defensor de la percepción de un justo pago de regalías. Estudioso de las diferentes plataformas que permiten la explotación de las obras, como Youtube, iTunes, Facebook, Twitter y WordPress.
Además, es experto en negocios jurídicos que implican el desarrollo de software, licenciamiento, consultoría digital, protección de los datos empresariales, actualizaciones tecnológicas de ciudades, empresas e individuos, así como los registros institucionales necesarios en diferentes latitudes, en el sistema tradicional de derechos de autor y en el sistema de copyright.
¿Cómo ha modificado la tecnología a la práctica de los abogados?
De forma trascendental, no sólo en la práctica sino en su forma de estudio y cómo construye nuevas corrientes de Derecho. Para el abogado practicante, la informática jurídica solucionó graves fallas en procesos manuales y aquellos que requerían la presencia absoluta de los postulantes en juzgados y tribunales. La implementación de la tecnología transformó al abogado, de ser un nómada de tribunales y reuniones presenciales infructíferas, a un verdadero investigador y curador de información, que tiene a su alcance bases jurídicas que difícilmente podría procesar, enteramente, a lo largo de su vida.
¿Cuáles son los campos de la profesión que más se han visto afectados por los avances tecnológicos?
Anteriormente, el abogado debía escribir manualmente o semiautomáticamente cualquier mensaje de trascendencia jurídica, lo que implicaba horas de concentración en un solo proceso, sin posibilidad de delegar su actividad. Asimismo, estaba obligado a acudir a las instancias competentes para conocer el avance de su procedimiento y promover su continuidad; lo mismo ocurría para la creación de la relación cliente-abogado, quienes se veían obligados a pactar una reunión presencial, lo que implicaba costos (tiempo y dinero) para las partes interesadas. En lo que refiere al estudio, el abogado practicante se obligaba a transcribir las decisiones jurisdiccionales que le afectaban y limitaba su conocimiento a los asuntos que algunos catedráticos se atrevían a compartir, celosamente, en las aulas.
“Actualmente, las herramientas de informática jurídica permiten que un abogado, desde cualquier parte del mundo, inicie procesos jurisdiccionales, comience la construcción de un escrito de relevancia jurídica e, inclusive, tiene la posibilidad de apoyarse en ambientes colaborativos digitales, que permiten la participación de un sinnúmero de expertos en la materia sobre un mismo documento sin límites geográficos”
Los límites para el abogado digital son una cuestión de actitud y aptitud. Actualmente, las herramientas de informática jurídica permiten que un abogado, desde cualquier parte del mundo, inicie procesos jurisdiccionales, comience la construcción de un escrito de relevancia jurídica e, inclusive, tiene la posibilidad de apoyarse en ambientes colaborativos digitales, que permiten la participación de un sinnúmero de expertos en la materia sobre un mismo documento, por supuesto, sin límites geográficos, ya que la interoperabilidad de dispositivos (hardware) le facultan a continuar su profesión desde un equipo fijo, laptop, smartphone o smartwatch.
Las tecnologías de la información y comunicación, así como las herramientas de informática jurídica, también benefician el acercamiento entre cliente-abogado, pues el primero tiene a su alcance una gama finita pero caudalosa de profesionales en Derecho que podrían resolver su asunto y que tan sólo con algunos clics es capaz de conocer su índice de éxito, si su abogado está titulado o certificado, si cuenta con experiencia en otras latitudes y cualquier fragmento de reputación digital que pudiere brindarle confianza antes de pactar una reunión vía remota, a través de videollamada o chat. Por supuesto, la tecnología también beneficia el estudio del abogado moderno, pues no sólo tiene acceso a conocimiento que se generó en su tiempo y espacio geográfico, toda vez que la cibersociedad brinda acceso ilimitado a bases de datos jurídicas que colegas alrededor del globo construyen, en beneficio de la práctica jurídica.
Sin embargo, hay que ser honestos sobre los efectos negativos que tiene la informática jurídica y tecnología en la profesión, toda vez que el uso excesivo e irresponsable lleva a algunos malos practicantes a reproducir sus textos, en cualquier proceso, sin realizar revisiones o individualización en sus escritos, lo que genera malos resultados en perjuicio de sus representados. Asimismo, en algunas firmas o instituciones se prescindió de personal que anteriormente se encargó de realizar los procesos manuales o presenciales, como la revisión de acuerdos ante tribunales o bien, fotocopiar y digitalizar expedientes. Tal como lo expresa Andrés Openheimer en su libro Sálvese quien pueda, la tecnología elimina la fuerza de trabajo menos especializada cuyos procesos se pueden automatizar.
¿Cómo va a cambiar la práctica profesional de los abogados en el futuro cercano?
A pesar del tecnopesimismo que se presenta en algunos sectores del gremio jurídico, es indiscutible que la tecnología en nuestros procesos genera impactos directos en los costos legales; lo que permite que la abogacía se aproxime de buena manera a sectores que en otra época jamás considerarían obtener una consulta legal para proteger su patrimonio o relaciones contractuales. Ello obligará a que el abogado no sólo mejore sus habilidades jurídicas, pues además deberá gozar de conocimientos elementales en uso de tecnología, programación, redes sociales y sin duda, estará obligado a mejorar sus habilidades de interacción humana.
¿Para usted qué significa el concepto de abogado digital?
Tal como explico en mi obra Abogado digital. Estudios sobre Derecho cibernético, informático y digital, es el profesional del Derecho que dedica su estudio a la implementación de las tecnologías de la información y comunicación en la práctica jurídica; mediante la aceptación del consejo multidisciplinario de expertos como lo son programadores web, mercadólogos, comunicólogos, neoconductistas, sociólogos y expertos en ciberguridad, por mencionar algunos. A nivel social implica una etiqueta que se transforma en responsabilidad generacional, pues defender la existencia del abogado digital ante sectores jurídicamente ortodoxos, parecería una batalla perdida frente al abogado fiscalista, el abogado penalista, el abogado civilista, el abogado laboralista y cualquier otro que pudiere argumentar la inutilidad de conocimientos sobre el entorno digital. Así, aquellos que se atrevan a referir públicamente que son abogados digitales deben comprender que esta etiqueta implicará años de esfuerzo y estudio, que sólo la historia jurídica podrá premiar o castigar.
¿Qué tienen que hacer los abogados actuales para convertirse en abogados digitales?
En definitiva, implica romper con los paradigmas tradicionales sobre el comportamiento tradicional del abogado, cuya reputación es el reflejo del tamaño de su despacho y cantidad de libros impresos a sus espaldas.
Sin duda, un abogado en formación que encuentre apasionante las conductas del cibernauta y las implicaciones de Derecho que genera el ciberespacio en la vida off line, deberá optar por largas horas de estudio en bibliotecas virtuales, bases de datos jurídicas y una intensa investigación en portales que superficialmente refieren conceptos como blockchain, smartcontracts, click wrap agreement, inteligencia artificial, controversias de nombres de dominio, reputación digital, testamento digital, patrimonio digital; temas que desafortunadamente, se abandonan para foros de opinión y pocos libros jurídicos sin rigor académico que les impiden ser invocados en trabajos de titulación ante instituciones formativas. En ese tenor, el abogado digital en formación deberá ser capaz de optar por otras fuentes bibliográficas y cursos que no resulten habituales para el abogado ortodoxo, pues es un hecho indiscutible que las fórmulas de Derecho romano resultan insuficientes ante las exigencias del ciberespacio.
“A pesar del tecnopesimismo que se presenta en algunos sectores del gremio jurídico, es indiscutible que la tecnología en nuestros procesos genera impactos directos en los costos legales; lo que permite que la abogacía se aproxime de buena manera a sectores que en otra época jamás considerarían obtener una consulta legal para proteger su patrimonio o relaciones contractuales.”
Conforme a lo anterior, es imperativo que el abogado que busque especializarse en la aplicación del Derecho en el ámbito digital, cuente con habilidades de investigación y de escritura suficientes para construir doctrina cuyo rigor académico permita consolidar la figura del Abogado Digital en las bibliotecas, librerías, las instituciones académicas y más aún, en la praxis legal.


