En cualquier sistema político la llegada de un nuevo gobierno implica cambios, ilusiones, miedos, nuevos riesgos y sobre todo una distinta visión y solución de los problemas que tiene el país en cuestión.
Toca a México, como cada seis años, enfrentar de nuevo el reto de un cambio de gobierno. Enfrentaremos por tercera vez una nueva alternancia, la primera fue en el año 2000, cuando el PAN rompió la inercia de más de 80 años del PRI en el poder; la segunda, cuando regresó en 2012 un nuevo PRI, pero nunca se pudo deshacer de los lastres históricos; ahora es turno de la tercera alternancia de los últimos años, México se enfrenta a un nuevo proceso en donde un partido de izquierda, Morena, toma las riendas de la nación bajo condiciones que no se tenían en México desde 1982, con una mayoría absoluta para llevar a cabo lo que han denominado la cuarta transformación.
De acuerdo con las primeras acciones del nuevo régimen, realizadas a partir del mes de septiembre, fecha en que inició la LXIV Legislatura, se ha establecido un gobierno que pretende desmantelar lo que Morena llama, una visión neoliberal de los gobiernos de los últimos 30 años, las consecuencias de dichos actos son: el cambio de las leyes de la administración pública federal, la cancelación del Nuevo Aeropuerto de Texcoco, declarar inconstitucional la Ley de Seguridad Interior, implementar consultas populares fuera de procedimientos constitucionales, que son vinculantes y que legitiman decisiones presidenciales y justificaciones para definir presupuestos de proyectos, entre otras cosas.
En contraste con el modelo implementado en el país por los gobiernos anteriores, las iniciativas anunciadas y algunos de los cambios propuestos han generado incertidumbre en ciertos sectores de la sociedad y la economía; además de enfrentamientos con algunas cúpulas empresariales, medios de comunicación y organismos de la sociedad civil organizada, lo que se puede considerar como reacciones normales, ya que es la primera vez que nos enfrentamos como país a una alternancia con un gobierno de izquierda.
Desafortunadamente, este proceso de transición ha causado una grave polarización en la sociedad, los grupos que están a favor del nuevo gobierno justifican y apoyan ciegamente todas las iniciativas, no aceptan de ninguna manera la crítica de los ciudadanos y colectivos sociales que están en contra. El efecto más grave se encuentra en lo que AMLO ha llamado “las benditas redes sociales”, donde surgen indiscriminadamente enfrentamientos que no ayudan a crear un ambiente favorable para el inicio de esta nueva alternancia.
Como país no sabemos qué nos depara con esta nueva administración. Debemos de dar un primer voto de confianza al gobierno entrante, pero también como sociedad debemos de asegurarnos que todas las acciones que se planteen tengan un fundamento legal y que la mayoría que detenta el poder no haga cambios constitucionales que posteriormente pongan en riesgo a nuestra democracia. Por otra parte, y tomando en cuenta las propuestas anticorrupción, no dejemos que ninguno de los integrantes del nuevo gobierno caiga de nuevo en estas prácticas que tanto han lastimado a nuestro país, la mejor forma de evitarlo es romper con la inmovilidad en la que hemos estado sumidos como sociedad durante mucho tiempo, denunciemos y nos manifestemos en contra de cualquier acto de corrupción, es decir, seamos todos y cada uno de nosotros una oposición que genere un equilibrio en nuestra democracia.


