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Uno-Bien
En la opinión

El Uno-Bien: Una Política Ambiental Inteligente

por Mtro. Rafael Sánchez Domínguez
1, noviembre, 2018
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12 minutos de lectura

El humano aprovechó su posición ontológica para configurar una idea del medio ambiente que se basa en la apropiación. Así, hablar de una política ambiental inteligente que el todo como el Uno-Bien, del que habla Plotino, es necesario.

El ser humano aprovechó su posición ontológica para configurar la idea del medio ambiente humano que se basa en la apropiación. Por ello, hablar de una política ambiental inteligente se vuelve necesario.

El presente texto se divide en tres apartados: el primero, Una nueva era geológica y la renuncia por el cuidado del planeta, señala que el crédito del cientificismo se da en los nuevos hallazgos; eso no quiere decir que se plantee un nuevo modo de hacer política, lo que considera al ser humano aún como menor de edad por su incapacidad para comprender los severos daños que está ocasionando. El segundo apartado, La ausencia inteligible en la política ambiental y su minoría de edad, tiene como objetivo decir que lo anterior puede ser minado si se afirma que todos los seres están dotados de inteligencia y forman parte del Uno-Bien. El último apartado, El Uno-Bien: una política ambiental inteligente, apunta a que ver el todo como una unidad implica la construcción de una Política Ambiental Inteligente que, de forma democrática, considere a todos los organismos como dotados de razón.

 

Una Nueva era Geológica y la Renuncia por el Cuidado del Planeta

 

El análisis de la Política Ambiental vigente conlleva que, desde el antropologismo permanente, la comunidad científica debata la posibilidad de inaugurar una nueva era geológica: el antropoceno porque las actividades humanas se encuentran metamorfoseadas en formas geológicas. El zócalo rocoso comienza a llevar la huella de los humanos. En adelante, la comparación, dice Latour,[1] se establecerá con la escala de los fenómenos terrestres.

Una nueva era geológica materializará la agresión humana sobre las formas naturales e inertes y sobre las categorías necesarias para el sostenimiento de la vida planetaria. Se trata de la renuncia tácita por encontrar una subjetivación inteligible para el respeto y cuidado del planeta. Ello vuelve a reivindicar el carácter violento del humano del que habló Hobbes.[2] Así, el leviatán se erige como una tecnología del sujeto para el gobierno de los otros. No se trata de un ejercicio hermenéutico que tenga como resultado analizar al ser humano como destructor y violento, sino que se trata de positivizarlo bajo una naturaleza dañina, una especie de política ambiental cínica.

La Ausencia Inteligible en la Política Ambiental y su Minoría de Edad

 

La visión antropocéntrica de la política verde ubica al humano en una estructura privilegiada que, esencialmente, le ha permitido colocarse ‒en el plano jurídico y político‒ como un ente dotado de razón para establecer un gobierno de sí.

 

“El Uno es el principio de la cantidad. Los seres vivos, como seres múltiples, tienen la necesidad de la biosfera como el Uno constitutivo y cada uno de ellos existe gracias a los otros y no en sí mismos. El Uno-Bien es tanto la fuente como el refugio de todos los seres vivos y no vivos.”

Una mirada así requiere cuestionar, desde la filosofía y la ciencia, los procedimientos gubernamentales para atender el estado de cosas de los hechos ambientales, porque lo que surge de la visión antropocéntrica tiene como consecuencia el abandono de dos categorías epistemológicas del pensamiento verde que se pueden plantear siguiendo las proposiciones de Wittgenstein: la biosfera terrestre como el espacio lógico inteligible, dentro del estado de cosas, en donde se posibilita la vida; y la consideración moral de los animales y las plantas como seres inteligibles porque forman parte del espacio lógico de la biosfera.

“Es tan cómodo ser menor de edad. Basta con tener un libro que supla mi entendimiento, alguien que vele por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral […] para que yo no tenga que tomarme tales molestias”.[3] Esta característica kantiana se presenta durante la reducción filosófica y científica que la ideología verde provoca –ecologista o medio ambientalista– porque superpone el principio de obediencia, del que habla Foucault,[4] de las causas verdes por encima de la razón verde, de la inteligibilidad ambiental, de la unidad del Uno-Bien.

Aún cuando en el estado de cosas ambientalista, tanto el ecologismo primigenio como el medio ambientalismo tardío históricamente han tenido una aceptación inmediata y privilegiada en los ámbitos jurídico y político, es evidente que los procesos de hacer gobierno continuarán su camino mediante la innovación y la creatividad verdes. El diseño de estas tecnologías tendrá como característica que su pertinencia no podrá reducir el quehacer de la ciencia jurídica y política de frente a una nueva política ambiental.

El diseño requiere ampliar la matriz de saberes a partir de dos categorías políticas y jurídicas: democracia verde y justicia ecológica. En la primera acepción se trata de poner en el mismo plano la subjetividad ambiental desarrollada en el estado de cosas por los animales, los humanos y las plantas como seres vivientes puros dotados de inteligencia. En la segunda, el quehacer filosófico consiste en reconocerlos como sujetos morales. Es decir, como una propiedad inherente del Uno-Bien.

 El Uno-Bien: Una Política Ambiental Inteligente

El pensamiento verde bien puede ayudar a salir de una minoría de edad ideológica y, por lo tanto, política. Esto se logrará si en su diseño se correlacionan tres ejes que conforman la matriz epistemológica.

El primer eje es el Uno-Bien como formación inherente al saber ambiental. En la Enéada VI, Plotino desarrolló el sistema filosófico conocido como el Bien o el Uno: “siendo la naturaleza del Uno engendradora de todas las cosas, no es en modo alguno ninguna de las cosas que engendra. Es simple por sí misma, y mejor aún, algo sin forma que está antes de toda forma, antes de todo movimiento y de todo reposo”.[5] Bajo ese concepto se puede establecer que animales, humanos y plantas no pueden existir sin la presencia de una unidad de la que emergen las facultades de razonar, desear o percibir. Todas ellas interconectadas a través del vínculo con una unidad: la biosfera terrestre como el Uno, como primer ser y como primera entidad que es por la que participan como ser.

De ahí que los seres posteriores a la biosfera son cualificables y cuantificables dada su masa, peso específico, forma y constitución como ser. De esta manera, se puede afirmar que el Uno es el principio de la cantidad. Los seres vivos, como seres múltiples, tienen la necesidad de la biosfera como el Uno constitutivo y cada uno de ellos existe gracias a los otros y no en sí mismos. El Uno-Bien, señala Flores y Linares, es tanto la fuente como el refugio de todos los seres vivos y no vivos.[6]

El segundo eje es apuntar la inteligencia de los seres vivientes como norma en la subjetividad ambiental. La esencia del Uno-Bien también es la inteligencia superior que no hace abstracción de los objetos que le son externos. Bajo esta categoría, por sí misma y de forma simultánea es un ser pensante y un objeto pensado. La inteligencia es un ser próximo al Uno-Bien. Es decir, la biosfera constituye el ser de los seres a quienes contempla como una unidad reunida consigo misma que se piensa a sí misma.

Cada ser viviente posee, de forma inherente, un propio bien específico, independiente de la racionalidad de tipo humana. La inteligencia es una característica presente tanto en la vida humana como no humana y se ubica en el umbral existente entre el Uno-Bien y las formas vivientes que se constituyen a partir de ella como organismos vivos inteligentes.

“Cada ser viviente posee, de forma inherente, un propio bien específico, independiente de la racionalidad de tipo humana. La inteligencia es una característica presente tanto en la vida humana como no humana y se ubica en el umbral existente entre el Uno-Bien y las formas vivientes que se constituyen a partir de ella como organismos vivos inteligentes.”

En la biosfera existen los seres vivientes como seres inteligentes gracias a sí mismos y a las interrelaciones que mantienen con la unidad, pero sólo un elefante engendra a otro elefante, un roble a otro roble, un humano a otro humano y en esto consiste la multiplicidad de contar. Por lo tanto, contar es racional y contiene la posibilidad de subjetivar a los seres vivientes en la mundanidad en la que se lleva a cabo la subjetividad ambiental. Así, el Uno-Bien “no constituye todos los seres, porque en ese caso ya no sería uno: ni es la inteligencia, dado que así implicaría también todos los seres por el carácter de totalidad de aquélla; ni es igualmente el ser, porque el ser realmente lo es todo”.[7]

El tercer eje apunta a que animales, humanos y plantas son sujetos inteligentes puros. La yoidad como una característica esencial de la fenomenología trascendental es la condición del ser yo. El animal como yo, el humano como yo y la planta como yo se lee, en conjunto, como el arreglo del yo-yo-yo de la Política Ambiental Inteligente en la que cada uno no afirma o niega a su par, a su yo.

El yo es el ser de cada organismo viviente que permite una actitud anímica hacia la vida y el mundo. En el gran privilegio de las relaciones puras del yo-yo-yo, la yoidad como subjetivación, están suprimidos los privilegios del mundo del ello. Como consecuencia la continuidad del Uno-Bien, la biosfera, se garantiza de forma individualiza como un yo-puro. Los momentos aislados de las relaciones se agrupan con el propósito de una vida universal de la solidaridad, afirman Flores y Linares.[8]

Como subjetividad ambiental los animales, humanos y plantas son considerados organismos inteligentes y puros: yo-puros. Esto permite racionalizar una Política Ambiental Inteligente democrática que reside en la consideración moral igualitaria porque participan dotados de razón. Se habla, entonces, de una naturaleza inteligible que proyecta la energía infinita del Uno-Bien, de la biosfera, como unidad que posibilita la vida inteligente en la tierra.

Conclusiones

 Las proyecciones de un manejo ambiental, bajo la idea de la supremacía del ser humano ha desembocado en la planeación y ejecución de políticas ambientales que ahondan los problemas relacionados con fenómenos ecológicos y sociales: cambio climático, ciclones, hambrunas, huracanes, inundaciones, sequías, etcétera.

Sus efectos son las consecuencias de tres cosas: la separación a ultranza del ser humano del resto de los seres vivos que permite una política hegemónica que trae riesgos irreversibles al mundo y, a su vez, coloca a la persona como menor de edad porque parece que no es necesario volver a pensar en lo ya legislado.

Sin embargo, una mirada al mundo filosófico nos vuelve a colocar en el problema. Plotino no habló en las Enéadas, específicamente, del tema ambiental, pero sí de aquello que lo constituye todo: el Uno-Bien al que podemos ubicar en la biosfera, considerando ésta un todo constitutivo, afirma a los humanos, los animales y las plantas como seres dotados de razón.

Si esto es así, entonces el tipo de política ambiental debe gozar de un elemento: inteligencia. Es decir, no se puede pensar a los seres vivos como entes separados o desasociados del todo. De ahí que la legislación a emprender tiene dos tareas: la primera es dejar de pensar que el ser humano es únicamente ego e incorporar la idea del yo-yo-yo; la segunda es orientar lo anterior en términos de igualdad y justicia porque esto es lo que fundará una política ambiental inteligente y democrática.

[1] B. Latour. Cara a cara con el Planeta. Una nueva mirada sobre el cambio climático alejada de las posiciones apocalípticas. Buenos Aires, Siglo XXI, 2017.

[2] T. Hobbes. Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica civil. México, Fondo de Cultura Económica, 1980.

[3] I. Kant. ¿Qué es la Ilustración? Madrid, Alianza Editorial, 2014, p. 319.

[4] M. Foucault. El gobierno de sí y de los otros. México, Fondo de Cultura Económica, 2011.

[5] Plotino. Enéadas. Tomo II. Madrid, Gredos, 1982, p. 41.

[6] L. Flores y J. Linares. Los filósofos ante los animales. Historia filosófica sobre los animales: antigüedad. México, Almadía Ediciones, 2108.

[7] Op. cit., Plotino, p. 45.

[8] Op. cit. L. Flores y J. Linares.

Temas:
  • Derecho ambiental
  • política ambiental

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