Nuevamente las declaraciones del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, han abierto un frente de confrontación con los empresarios mexicanos. En el inicio de su “gira del agradecimiento” en Nayarit, AMLO declaró que recibiría un país en bancarrota y que en esas condiciones sería muy complicado cumplir con todas las demandas sociales. Un día después, en el Foro Forbes 2018, los dirigentes del gremio empresarial refutaron lo dicho por el Presidente electo. Los magnates aseguraron que en México hay problemas sociales graves, como la inseguridad, impunidad y corrupción, pero no una situación económica crítica. Al día siguiente, en Baja California López Obrador volvió a insistir en la bancarrota. Para aclarar el tema y desde la óptica del gobierno, la senadora Vanessa Rubio dijo que el país dista mucho de estar en bancarrota, pues cuenta con un fondo de 270 mil millones de dólares en reservas internacionales asegurando que tenemos finanzas sanas; por su parte, el senador Miguel Ángel Osorio Chong dijo que falta mejorar el ingreso de las familias, pero que México no está en bancarrota y tiene finanzas sanas. No obstante que después AMLO matizó su calificación asegurando que enfrentamos una severa y prolongada crisis económica, sus declaraciones vuelven a crear controversia en esta etapa de transición hacia el nuevo gobierno, poniendo en aprietos a sus más cercanos colaboradores, quienes tienen que corregir sus espontáneas declaraciones y que están preocupados por aterrizar las promesas de campaña, medir racionalmente lo que será posible y lo que no será posible realizar en un sexenio.


