Lic. Manuel Gutiérrez González
En los últimos meses hemos revisado en esta columna algunas de las inquietudes relacionadas con la conformación de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México (CDMX). Sin embargo, a unos cuantos días de la instalación formal de dicho órgano, es importante no perder de vista el proceso por el cual se redactó la iniciativa de Constitución de la CDMX, elaborada por el Grupo de Trabajo designado por el Jefe de Gobierno, Miguel A. Mancera Espinosa.
En este contexto, mediáticamente han surgido una serie de reportajes y notas periodísticas con las que se pretende informar a la ciudadanía sobre las reuniones del Grupo de Trabajo con organizaciones de la sociedad civil y diversos sectores académicos. Éstas, se supone han tenido como resultado que sus intereses y propuestas se vean reflejadas en la carta magna capitalina. Lo cual obliga a la reflexión respecto del proceso realizado en torno a la redacción del proyecto y de cómo, tanto el Congreso de la Unión y el Gobierno de la Ciudad han intentado ciudadanizar el proceso que dará vida al marco jurídico fundamental de la CDMX. Es así que, el Jefe de Gobierno, decidió poner en marcha todo un mecanismo encaminado a legitimarlo. En primer lugar, con su facultad discrecional, designó a un Grupo de Trabajo conocido como “Grupo de Notables,” conformado por diferentes personalidades de diversos sectores sociales, académicos, políticos y culturales, y nombró a un equipo de Asesores Externos especialistas en diversas materias, a quienes encomendó la tarea de elaborar un proyecto de Constitución Local.
En segundo lugar, implementó la Plataforma Constitución CDMX, con la finalidad de generar una interacción con la ciudadanía y recoger sus inquietudes y propuestas en torno a la elaboración de Ensayos; Cuestionarios electrónicos para conocer la opinión de los ciudadanos; Instalación de 300 Quiscos Digitales; Implementación de foros y eventos y la Elaboración de peticiones a través de Change.org, plataforma mediante la cual los ciudadanos suben en la red propuestas específicas para que éstas sean firmadas de manera electrónica por otras personas hasta alcanzar un porcentaje de firmas determinado.
Toda la información generada fue analizada por el Grupo de Trabajo en sesiones plenarias en el Salón Oval del Antiguo Palacio del Ayuntamiento para posteriormente, entregar los resultados de todos estos esfuerzos a la Comisión Ejecutiva conformada por 5 integrantes del Grupo de Notables. Ellos tendrán la gran responsabilidad de traducir los resultados en un texto normativo, verificar que exista congruencia con la Constitución Federal y los Tratados Internacionales, sistematizar la información en el articulado correspondiente y darle el formato final, mismo que será entregado para su revisión al Jefe de Gobierno quien deberá enviarlo a la Asamblea Constituyente el próximo 15 de septiembre.
Con esta estrategia, Mancera Espinosa y el Grupo de Notables pretenden dotar de cierta “legitimidad ciudadana” al proyecto de Constitución de la CDMX bajo el argumento de que éste surgió de un proceso de consulta popular, incluyente y ciudadano. El cual dio como resultado un proyecto que refleja la vox populi de la capital, sin embargo, ¿Este ejercicio implementado por el Jefe de Gobierno para elaborar el proyecto de Constitución Local es realmente ciudadano? Si revisamos a detalle los mecanismos implementados en el proceso de redacción de la Constitución, encontraremos que éstos no son del todo trasparentes y claros, principalmente si consideramos que las sesiones del Grupo de Trabajo se realizaron a puerta cerrada y con el carácter de privadas, es decir, se desconoce tanto el análisis realizado y las resoluciones tomadas sobre los temas propuestos por la ciudadanía a través de la Plataforma Constitución CDMX, como bajo que perspectiva se materializarán en el texto constitucional.
Por otro lado, el tinte plural y ciudadano con el cual se integró el Grupo de Notables quedará diluido. Esto por el hecho de que los resultados obtenidos y los acuerdos alcanzados al interior de las sesiones, serán trasformados en un texto normativo por el Comité Ejecutivo conformado por tan solo 5 Notables cuyos perfiles son en su mayoría políticos. Es decir, la redacción del articulado de la propuesta de la Constitución de la CDMX que enviará el Jefe de Gobierno será revisado, analizado y acordado en un Petit Comité.
Así, aquello que parecía ser un ejercicio de avanzada, incluyente de propuestas ciudadanas y sensible a las inquietudes de los capitalinos, al final resultó ser en un filtro excluyente y eminentemente político. Si la idea era ciudadanizar el proceso de redacción y legitimar el contenido constitucional ¿No hubiera sido mejor transparentar las reuniones del Grupo de Trabajo y brindar la máxima publicidad al proceso de redacción de la Constitución de la Ciudad? Pero vayamos más a fondo, ¿Cómo impactará en los trabajos de la Asamblea Constituyente el proceso por el cual el Grupo de Trabajo generó el proyecto de Constitución de la CDMX?, la respuesta es todo un reto político, pues si partimos de que las propuestas contenidas en el proyecto que revisará el Constituyente son el resultado de un proceso de consulta popular que refleja las inquietudes de la ciudadanía entonces, ¿si la Asamblea modifica alguna disposición del proyecto del Jefe de Gobierno estaría en contra de la voluntad de los capitalinos?. Pongamos como ejemplo las propuestas ciudadanas realizadas por la plataforma de Change.org como la de “Garantía de un mínimo de áreas verdes por cada habitante de la ciudad”, que tiene 39 mil 111 firmas o “Movilidad sustentable y sostenible” con 29 mil 319 firmas, las cuales se entiende, deberán estar reflejadas en el texto constitucional. ¿Cómo abordará la Asamblea Constituyente estos tema los cuales ya cuentan con una carga política por el número de firmas alcanzadas? y ¿Cómo saber que todas las firmas que respaldan dichas propuestas pertenecen a ciudadanos que viven en la capital, ya que para firmar el sistema no te pide comprobar el lugar en dónde vives?
Para el proceso legislativo de reforma constitucional de la CDMX ¿no sería más sano que los diputados constituyentes tuvieran avances del Proyecto de Constitución Local?, o tal vez, la estrategia es precisamente que ante los escasos 4 meses de trabajos de la Asamblea Constituyente se pretenda defender esta Constitución “surgida de consultas populares” apostandole al poco tiempo que se tendrá para realizar cambios sustantivos. Entre más se acerca la fecha de su instalación, la participación ciudadana cada vez será menos visible. Al final después de que el Jefe de Gobierno le entregue su proyecto, la redacción de la Constitución Local quedará en manos de un órgano político en donde los grupos parlamentarios y las negociaciones políticas definirán el rumbo jurídico de nuestra ciudad.


