El partido nazi sabía del impacto de la música en la sociedad, y desde sus inicios, la utilizó para realizar publicidad e influenciar a las multitudes.
“¿Cómo se llora a seis millones de muertos?
¿Cuántas velas se encienden?
¿Cuántas plegarias se oran?
¿Sabemos cómo recordar a las víctimas, su soledad, su impotencia?
Nos dejaron sin dejar rastro, y nosotros somos ese rastro.
Contamos estas historias porque sabemos que no escuchar, ni desear saber, lleva a la indiferencia, y la indiferencia nunca es una respuesta”.
Ellie Wiesel.
Las tropas enemigas capturadas eran internadas en los campos de los prisioneros de guerra, y los campos de exterminio, tenían como única finalidad asesinar a seres humanos en forma masiva. A pesar de ello, se ha demostrado que los Guetos y los campos de concentración Nazis tenían reglas de operación internas variables, encontrándose que en unos y otros, se abrían espacios para expresiones musicales diversas, inclusive en los campos de exterminio y de concentración, diferenciándose en el uso que se daba a la música. Por ejemplo, en el campo de internamiento de Gurs, al sur de Francia, los solistas, las bandas de música de cámara, los coros y una pequeña orquesta aparecieron en conciertos.


